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martes, 19 de abril de 2011

HOMENAJE A LEOPOLDO MARECHAL Ernesto Sábato

Palabras pronunciadas por Ernesto Sabato en el "Homenaje a Leopoldo Marechal", llevado a 
cabo en la Universidad de Belgrano, ciudad de Buenos Aires, el 20 de julio de 1978.
Sería una ofensa hacer aquí, en tan pocos minutos, el examen y el elogio de la obra de Leopoldo Marechal. Tampoco es necesario: pasará a la historia de la lengua castellana como insigne hito de la poética y la narrativa. A ese monumento que le tiene reservado el tiempo no se le pueden arrojar bombas de alquitrán, y ha de ser invulnerable al insulto, la ironía, la envidia y el silencio: esos premios que con harta frecuencia los hombres de letras de nuestro país confieren a los que deberían honrar.Es arriesgado buscar atributos

imagen obtenida del sitio                                http://www.elortiba.org/marechal.html                                meta-históricos en los pueblos, pero la antigüedad y la potencia de alguno producen algunas tenaces constantes a lo largo de su historia. Tal sucede con ese  milenario, duro y grande pueblo hispánico que dio su sello a esta tierra americana; un sello tan profundo e imborrable que hoy, después de cinco siglos de conquista, seguimos hablando la lengua de Castilla:y no únicamente los viejos criollos descendientes de españoles, sino también los hijos y nietos de alemanes, italianos, rusos, sirios, judíos, polacos y armenios. Un  fenómeno asombroso que revela la fuerza espiritual de aquella conquista, pues la raza que fue cruelmente despojada y humillada no sólo ha producido dos de los más altos poetas de la lengua castellana; Rubén Darío y César Vallejo; sino que esos poetas han cantado a España en poemas memorables. Pero las virtudes suelen convertirse en defectos cuando se extreman. Y así, el orgulloso individualismo hispánico, su altivo sentimiento de independencia, derivó hacia el feroz egocentrismo y el desprecio por el otro, lado sombríamente destructivo que hemos quizás heredado- 
En el prólogo a su obra sobre el Cid, con amargura Menéndez Pidal señala este defecto de la raza, y escribe: "La invidencia hispánica, vicio eminentemente hispánico, entorpeció tenaz la obra del Cid, sin tener en cuenta el daño colectivo que en la guerra antiislámica se seguía al destierro del héroe superior." Así era Castilla, "que face los omes e los gasta". Y agrega que esta peculiaridad venía de lejos, pues ya Estrabón caracterizó a los íberos como orgullosos y torpes para la confederación. Y aquella envidia-aquella invidencia-obró siempre como disolvente social y como fuente de resentimiento colectivo.
"Torpes para la confederación", sagazmente describe Estrabón. Y cuando Simón Bolívar, después de su portentosa epopeya, declara con amargura que "ha arado en el mar",pues que apenas  liberados estos pueblos se sumen en la más feroz de las anarquías, confirma que dos mil años después se mantiene intacto este terrible atributo de un gran pueblo- tanto más perdurable y terrible cuanto más grande es el pueblo que lo posee. Y todavía hoy, aquí mismo, cada régimen, cada gobierno rompe lo positivo que pudiera haber en el régimen anterior; cambia de rumbo, destroza o contradice lo que hicieron los hombres que los precedieron. Y así sobrevivimos en medio de proyectos abortados, impulsos detenidos, enseñanzas opuestas, cambios de nombre en las calles y plazas. Claro que hay excepciones, pero cuando se producen las miramos con estupor, y por lo general las atribuimos a una especie de distracción o de olvido, porque aquí ni en lo destructivo somos sistemáticos, ni en lo malo somos buenos. De este modo, nuestra historia es una sucesión de diatribas, cada facción se considera dueña absoluta de la verdad. La Argentina ha estado dividida siempre entre puros y réprobos. Para los unos, Rosas es un genio virtuoso, para los otros un sanguinario chacal, cuyas cenizas ni siquiera tienen el derecho a descansar en su tierra. Pensemos lo que en cambio sucede en un país como Francia, donde sus conductores invariablemente son honrados, cualesquiera sean las opiniones sobre ellos por encontradas que sean; donde un hombre como Napoleón, todavía execrado por multitud de franceses, es recordado por una hermosa calle, por un imponente panteón, por las grandes avenidas que conmemoran sus grandes batallas. Ansioso desde su juventud por la justicia social, Leopoldo Marechal fue desde la primera hora un peronista consecuente. No obsecuente, como jamás lo son los espíritus grandes, y bastaría recordar que en 1951 fue separado del cargo que tenía. En virtud de ese perdurable defecto de nuestra herencia hispánica, su militancia le valió enemistad, rencor y silencio: un silencio poderoso y siniestro, apenas quebrado por algunos intelectuales que, por encima de sus discrepancias políticas, reconocieron en él uno de los más grandes escritores argentinos. 
Se le calificó de resentido, de vanidoso que pretendía ser genio, de engreído y hasta de tomista; como si compartir ideas de Santo Tomás pudiese ser motivo de desprecio. Un eminente hombre de letras lo calificó, para colmar la horrenda medida, de delincuente. 
Casi solo, pero apoyado en ese puntal de acero y ternura que fue su compañera, en su pequeño y pobre departamento de la calle Rivadavia, se aguantó aquel durísimo exilio en su propia patria, esa patria que quería hasta la agonía. Modesto, pero también con la conciencia de su grandeza;ya que se puede ser modesto frente a los valores supremos y arrogante frente a los idiotas;en momentos de extrema amargura llegó por fin a quejarse, murmurando:  "¿Cuándo mis compatriotas dejarán de orinarme encima?".
Tenía, como todo gran artista, algo de niño. Era un espíritu evangélico, uno de esos seres que parecen salvar el espíritu cristiano de esa Iglesia objetivada de que hablan Berdiaev y Urs von Balthasar. Era bondadoso, pero no en el sentido trivial de la palabra, ya que no podemos ni debemos permanecer bovinamente impasibles frente a la injusticia o la tortura. En uno de sus grandes poemas dice, en efecto: "No vaciles jamás en la defensa o enunciación o elogio de la Verdad, del Bien y de la Hermosura: son tres nombres divinos que trascienden al mundo, y es fácil deletrear su ortografía. No los traiciones, aunque te hagan polvo". Fue precisamente su sagrado sentido de la justicia lo que lo impulsó hacia el socialismo en su juventud y hacia el peronismo en sus años maduros. Porque, cualquiera que sea el juicio que merezca la persona de Perón;y el mío es públicamente negativo;, nadie puede negar que encabezó el más vasto y profundo proceso en favor de los desheredados. Y Leopoldo sentía como pocos el dolor de los indefensos, y amaba a su pueblo como siempre lo han hecho los artistas verdaderamente grandes: desde Cervantes hasta Tolstoi. Y, como es peculiar en esta clase de seres, no amaba al hombre en abstracto, esa Humanidad con mayúscula bajo cuya invocación se han instaurado hasta campos de concentración, sino al pequeño y precario y sufriente ser de carne y hueso. 
Más aún: ansiaba que sus obras pudieran servir a ese hombre concreto, ayudándole a mitigar sus desdichas, respondiendo a sus más dolorosos interrogantes, revelándole su propia tierra, esa patria también concreta que está hecha de trigales, de pájaros y lagunas en el campo, de calles y rincones en su ciudad, de amores y crepúsculos, de venturas y desventuras en común. 
Esa patria que él amaba y que bellamente resplandece en sus páginas; en un amor que paradó- jicamente se revela hasta en sus más amargas reflexiones, cuando critica a los que lo ensucian o arrastran por el suelo, o lo posponen a sus sórdidos bolsillos. Pues no olvidemos que aun las mejores patrias, aquellas que han dicho algo al mundo, infinidad de veces fueron amonestadas por sus grandes espíritus, con el corazón desgarrado y sangrante: por Holderlin y por Nietzsche, por Dostoievsky y por Tolstoi. Y por aquel nobilísimo Puchkin que, después de reírse con las descripciones que Gogol le leía, terminó exclamando con la voz anudada por la amargura: 
"¡Dios mío, qué triste es Rusia! ".
También Leopoldo Marechal, en un poema memorable, exclama, o quizá murmura con infinita pesadumbre: 

La Patria es un dolor que aún no sabe su nombre.
ERNESTO SABATO
Fuente: http://www.geocities.com/leerasabato/marechal.htm
http://www.elortiba.org/pdf/Marechal_Sabato.pdf

Otra de sus frases, vaya si vigente.

"Creo que actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos de toda índole que lo rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros, y muy particularmente de las nuevas generaciones.
Desde hace algunos años oigo hablar de los escritores “comprometidos” y “no comprometidos”. A mi entender, es una clasificación falsa. Todo escritor, por el hecho de serlo, ya está comprometido: o comprometido en una religión, o comprometido en una ideología político-social, o comprometido en una traición a su pueblo, o comprometido en una indiferencia o sonambulismo individual, culpable o no culpable." 

Leopoldo Marechal 

lunes, 14 de marzo de 2011

Los tsunamis y las revoluciones


El Espectador
Bogotá – Colombia
13 de marzo de 2011

Por: William Ospina

ALGUNA VEZ LE DIJE A UN AMIGO que no veía el motivo de alarmarse demasiado por las catástrofes de la naturaleza o los horrores de la historia.
“Siempre fue así”, le dije. Le recordé la tesis de Voltaire de que todas las edades se parecen por la crueldad de los seres humanos, por la arbitrariedad de los príncipes y la intolerancia de los sacerdotes. Para terminar, le repetí una frase amarga: “Dejaremos el mundo tan malvado y estúpido como lo encontramos al llegar”.

Pensaba yo que no había razón para estremecerse demasiado por los crímenes y las tragedias de la humanidad. Bastaba recordar que, según la mitología más difundida en estas tierras, ya en la segunda oleada de la creación Caín había matado a Abel, y en la tercera Dios, para acabar con la perversidad humana, nos envió un diluvio espantoso.

La historia, le dije a mi amigo, estuvo llena de esos horrores. Pero mi amigo respondió: “Lo malo es que la historia universal dura más o menos setenta años”. Me quedé pensando, y comprendí: en vano hablamos de historia universal, nuestra experiencia del mundo dura lo que dura nuestra existencia, y aunque nos lleguen miles de noticias de cosas que ocurrieron en otros tiempos, lo que verdaderamente ocurre, lo que maravillosamente, lo que espantosamente ocurre, sólo nos ocurre a nosotros en el plazo de una existencia. Lo dijo Macedonio Fernández: “El universo y yo nacimos en 1874”.

El extraño sabor de las revoluciones no está tanto en su desenlace cuanto en su decurso azaroso: ese inesperado derrumbamiento de la Unión Soviética hace dos décadas, esta actual e impredecible oleada de rebeliones en los países islámicos. El verdadero sabor de las catástrofes es ese que nos despierta asombrados ante la avalancha de Armero, ante el derrumbamiento intempestivo de las torres gemelas, ante esas guerras de Afganistán y de Irak, que nos han infamado la vida; o el haber visto esta semana esa ola monstruosa que en las pantallas iba arrasando ante nuestros ojos las costas del Japón, llevándose en su inexorable avance inocente centenares o miles de existencias.

Con cada vida vuelve toda la historia. Alguien tendrá que aprender el color de las rosas y el olor de la lluvia; verá el desierto lunar alzándose como un sueño sobre las cosas; y aprenderá el amor, el crimen, la felicidad. Alguien volverá a descubrir que en el orden de la naturaleza no hay progreso posible, que nadie puede hacer más bellas a las rosas ni más significativas a las estrellas; alguien volverá a delirar que existen leyes de la historia, y alguien volverá a discutir que creer en esas leyes es tan quimérico como hallar formas de leones o de doncellas en las nubes del atardecer.

Lo que vivimos habrá ocurrido innumerables veces pero también es verdad que sólo ahora ocurre, todos vivimos al borde del abismo universal. Y lo que les ocurrió a las generaciones carece en suma de patetismo, porque lo verdaderamente patético es esta incertidumbre, el patetismo de lo inconcluso que sólo nos toca a los que no sabemos todavía cómo terminará todo esto.

Es lo que nos permite maravillarnos con lo maravilloso y espantarnos con lo espantoso; saber que es ahora cuando hay que estremecerse con los crímenes, conmoverse con las tragedias e indignarse con las tiranías. ¿Otros lucharon por la verdad, por el bien, y por la libertad? Ahora es nuestro turno.

“Lo malo es que todas estas cosas vienen a dar en un fracaso irremediable”, dirá León de Greiff. Pero lo único que puede hacer grandioso ese final es haber sido dignos de esta experiencia, que las tareas de la vida no nos hayan hundido en el deshonor. Acaso surja esa verdad que le dará sentido a todo, ese ser que justificará tantos esfuerzos, esa revelación que iluminará la tiniebla. Pero si no llegaran, aún sería noble y valeroso gritar como Barba Jacob: “Sé digna de este horror y de esta nada / y activa y valerosa, oh alma mía”.

Después, no vendrá el final de una vida sino el final de un mundo. Y como en el poema de Borges: “No quedará en la noche una estrella, no quedará la noche”.

martes, 18 de enero de 2011

Vigo Mortensen, Fabian Casas y un Sentimiento: San Lorenzo de Almagro y el SER

Viggo Mortensen, editor de poesía

Alejandra Rey
LA NACION 
Cuando uno escucha el nombre de Viggo Mortensen aparecen con facilidad dos imágenes que a los argentinos nos resultan familiares. Una es la del protagonista de la trilogía El señor de los anillos , la versión cinematográfica de la obra de J. R. R. Tolkien, dirigida por Peter Jackson. La otra, como hincha de San Lorenzo de Almagro.
Pero entre la actuación y el fútbol Mortensen esconde otra pasión: la literatura. Es director de la editorial norteamericana Perceval Press, que acaba de publicar una antología de la Nueva Poesía Argentina.
La antología nació en el Nuevo Gasómetro, donde Mortensen, de 50 años, comparte su pasión azulgrana con una voz destacada de la poesía argentina, Fabián Casas, que le acercó el trabajo de otros jóvenes poetas argentinos. El resto fue tarea del antólogo Gustavo López, director del Proyecto Cultural VOX.
"Cada poeta y cada poema es diferente -cuenta Mortensen a LA NACION, a través de una consulta por e-mail -. Esta antología incluye a 22 voces distintas y todas me interesan."
Y explica por qué nació Perceval Press: "Me gustan los libros y me interesaba ver si podía publicar autores y artistas que no habían tenido la oportunidad de ser publicados, o que no habían sido editados de la manera más representativa o justa con relación a su arte".
Ese interés y esa curiosidad se reflejan también en sus otras actividades, no sólo como director editorial (función en la que publica libros de arte, fotografía y algo de literatura), sino en su propia escritura y en sus fotografías. De hecho, la tapa de esta antología es de su autoría, y la foto se llama Boedo 2.
Lo de Boedo no es casual. Está totalmente identificado con San Lorenzo. Tanto que hasta asegura que Borges también fue hincha del Ciclón:
-Fútbol y poesía ¿dónde convergen?
-En el Bambino Veira, por ejemplo.
-¿Por qué de San Lorenzo?
-Porque nací.
-Borges era un admirador de la mitología escandinava. ¿Leyó su obra?
-Le voy a contar algo que a lo mejor no sabe de Borges. Cuando él trabajaba en la biblioteca Miguel Cané, no muy lejos de San Juan y Boedo, e iba a almorzar a un café de la zona, los hinchas de San Lorenzo le insistían continuamente que tenía que hacerse hincha del Ciclón, hasta que el escritor, al cual no le interesaba nada el fútbol, finalmente aceptó llamarse "un cuervo más". Y hasta se dice que su pijama favorito era azulgrana.
Y pronto cita a Borges al reflexionar sobre su rol de hincha: "[...] Pero pronto noté que San Lorenzo de Almagro casi nunca ganaba. Entonces yo hablé con ellos y me dijeron que no, que el hecho de ganar o perder era secundario -en lo que tenían razón-, pero que San Lorenzo era el cuadro más científico de todos. Eso me dijeron, sí?, se ve que no sabían ganar, pero lo hacían metódicamente.".
-Ya que pasamos por Borges, ¿encuentra alguna relación entre la poesía argentina y la escandinava, especialmente la danesa?
-Yo siempre voy en busca de similitudes, y no me cuesta encontrarlas en ningún sitio.
-¿Desde cuándo escribe usted poesía? ¿Su vida en el internado en el país influyó en su creación?
-Empecé a escribir cuentos a los 6 o 7 años, creo. A los 15 o 16 empecé a escribir poesía. Viví en la Argentina hasta los 11, así que supongo que me habrá influido el vivir en este país, ya que todo lo que lo rodea a uno puede influir.
-¿Se considera un buscador de talentos jóvenes?
-Más que buscar, me parece que me encuentro con ideas y artistas que me llegan por la suerte. Lo de la edad es lo de menos. Hemos publicado a hombres y mujeres de distintas edades. Dentro de poco vamos a publicar una colección de Talo Kejner, un poeta argentino hasta ahora poco conocido que tuvo que exiliarse durante la última dictadura. No es tan joven como los poetas en la antología, pero tiene una forma de escribir muy especial, tan única como la de ellos.
-¿Qué nos puede decir del libro que viene a presentar?
-Que vale la pena leerlo, vale la pena conocer el trabajo de estos poetas de la llamada "generación de los 90". También puedo decirle que tiene buena pinta, lindo diseño.
La selección
  • Nueva Poesía Argentina. La antología selecciona el trabajo de 22 poetas nacidos en los años 60 y 70. La edición es de tapa dura y tiene 112 páginas.
  • Generación de los 90. Así define la crítica literaria a este movimiento, caracterizado por la variedad de temas y estéticas, herederos de Leónidas Lamborghini, Juana Bignozzi, Joaquín Giannuzzi o Ricardo Zelarayán, entre muchos otros.
  • Nombres. Fabián Casas, Washington Cucurto, Juan Desiderio, Francisco Garamona, Daniel G. Helder, Marina Mariash, María Medrano, Martín Prieto, Damién Ríos, Ana Wajszczuk y Laura Wittner son algunos de los autores.
  • Dos pasiones. Mortensen y Casas son caracterizados hinchas de San Lorenzo de Almagro. En las tribunas de su estadio comenzaron el intercambio de textos y la propuesta de publicar una antología que, cuenta Gustavo López, inicialmente tenía 500 páginas.
http://www.lanacion.com.ar


Fabián Casas
“Que lo que las palabras digan sea la vida”
Por Agustín J Valle - Publicado en Debate, enero 2008


La publicación de Ensayos Bonsái (Emecé), la reedición de Los Lemmings y otros (Santiago Arcos) y el premio Anna Seghers –dotado con veinticinco mil euros- que recibió en Alemania, son los puntos visibles del ascenso del reconocimiento del escritor, quien –con además cinco poemarios y una novela corta publicados- hace ya quince años funciona como referencia en los ámbitos poéticos locales.
Definir su poética y narrativa como literatura barrial, biográfica y cargada de marcas histórico-culturales, es confundir lo esencial con lo transitorio, como él cita a Eugenio Montale. Hace literatura, sí, con San Lorenzo de Almagro, con el dolor por la muerte de su madre y sus historias de niño sensible y joven rockero por las calles de su barrio, pero aclara: “no tengo una inmobiliaria en Boedo ni soy propulsor del grupo de Boedo, sólo conozco sus calles y voy a comer con mi familia” - porque en su obra no importan tanto los materiales utilizados como el efecto que su disposición logra en la emocionalidad del interlocutor: “hacer sentir algo que vuelve a uno con la fuerza de una verdad”. Es uno de los escritores argentinos que más claramente está construyendo una obra personalísima, aunque se reivindica “panlingüístico”, piensa que “la literatura es algo colectivo, todos estamos compuestos por un montón de gente”, y que la obsesión de los escritores por la inmortalidad “es una discusión estéril: lo único evidente es que no va a quedar nadie”.
Ensayos Bonsái tiene una definición sobre los clásicos, ¿de algún modo discute con la de Borges?
Sí, él decía que clásico era lo que determinado grupo lee como verdad o revelación, y yo digo que clásica es la obra que establece ella misma los parámetros en los que va a ser leída. Pero los Bonsái tienen varias definiciones sobre los clásicos, que tal vez se contradicen entre sí. Algunos ensayos fueron escritos de un tirón en cuatro horas, mientras que un poema puedo corregirlo durante un año, y un relato como Asterix, que está en Los Lemmings, lo escribí a lo largo de diez años; nunca la musiquita del relato terminaba de satisfacerme, sentía que yo todavía estaba demasiado cerca del segmento experiencial del relato, los personajes todavía eran los que habían vivido conmigo, no se habían drenado y convertido en significantes. Una vez que la emoción impulsó el cuento o el poema, después lo trabajo como una máquina. Pero no tengo imaginación, en el sentido de que no creo algo desde la nada: recupero un mundo a partir de una memoria.
Ensayos Bonsái compila escritos previos, ya publicados en revistas y blogs. ¿Emecé lo fue a buscar?Sí, querían publicarme “algo”. Puse una cláusula por la que no voy ni a la Feria del Libro ni a la televisión ni a la radio, salvo que me interese el periodista, no hago el Verano de Planeta ni nada que forme parte de la retórica de la literatura.
¿Por qué?
Me gustan los escritores que no te salen a buscar. Una vez, de vacaciones, desarmando la carpa de un amigo se cayó de adentro Molloy, de Beckett. Lo abrí al azar: “Estoy en el cuarto de mi madre, ahora soy yo el que vive acá”, uy, ¿qué es esto? Y después una parte en que Molloy -un vagabundo- va chupando piedras. Beckett te describe su sistema de guardarlas en un bolsillo, chuparlas, pasarlas a otro, como si fuera una máquina, durante páginas; es un fragmento central en su obra porque modifica la percepción de la literatura. Deleuze hace todo un trabajo sobre esa parte, en el Anti Edipo. Después leí toda la obra de Beckett, y lo que me encantó fue conocerlo así, de casualidad, sin información.
Hace poco César Aira reivindicaba la alta cultura con el mismo argumento: hay que ir a buscarla, no ataca en el supermercado o la radio.
El problema es la definición de alta cultura. Mucha gente piensa que es la que corresponde a las clases sofisticadas, pero las clases sofisticadas se comen muchos caños. Mucha gente de la alta cultura va a ver a Kuitca al Malba porque más que el trabajo de Kuitca le importa su poder simbólico, al que quieren quedar asociados, es un nivel de cliché superior. Para mí los museos son lugares en la ciudad, un valdío donde pasa algo raro, y la contracultura es invisible, cuando se vuelve visible desaparece.
En Ensayos utiliza ideas de varios filósofos, ¿cómo afectan sus estudios filosóficos a su relación con la literatura?
La turbina que me hace volar es el pensamiento filosófico. Por ejemplo, la gente pelea con uñas y dientes para ser esclava: eso es un pensamiento spinociano que me lleva a pensar que concebirse dentro de la literatura, pensarse como escritor, impide escribir. Nosotros somos como narraciones, todos, y si uno está atento puede escucharlas. Como dice Heidegger, hay que estar en estado de disponibilidad para sentir el peso del ser. Pero un montón de gente que conocí en mi barrio fue tan importante para mí en términos filosóficos como Heidegger. Los intelectuales siempre están muy atentos a ver si detectan lo que llaman populismo, y para mí el populismo es algo muy claro: ser de Independiente y decir que sos de Boca, como Maradona. Populismo es jugar para la tribuna.
¿Y las influencias literarias? ¿Por qué escritores argentinos se siente más marcado?
Ricardo Zelarayán es para mí el único argentino vivo con genio. Y es una obra que nunca será premiada, sancionada por la crítica, porque en sí misma rechaza todo eso. Para mí y gran parte de mi generación es una obra clave, junto con la de (Leónidas) Lamborghini, (Joaquín) Gianuzzi en mi caso, alguna novela de Saer, las primeras novelas de Aira.
¿Y Fogwill (a quien le dedica el cuento Casa con diez pinos y aparece en Asterix), lo marcó también como poeta?
Fogwill me parece un escritor muy muy bueno, con un gran talento narrativo, y encuentro poesía en sus relatos. Lo que me marca de Fogwill es una pulsión vital que tiene. Es una persona muy emotiva; todo el mundo habla de su gran inteligencia, y la inteligencia para mí no es un valor. El único valor que yo reconozco es el de la bondad; tampoco el valor erótico del dinero. Quique es un gran bocón con un ego demoledor que de fondo trabaja una cosa más atávica y emotiva, lee la literatura desde un lugar muy pasional y siempre está tratando de hacer surgir a los escritores jóvenes que lo estimulan. Su serie de cuentos me parece impresionante, así como Los Pichiciegos, que para mí tiene mucho más valor que ser “la novela de Malvinas”. A Los Pichiciegos siempre se le adjudican virtudes que yo adjudicaría a la publicidad, como adelantarse a determinadas cosas; la literatura no se tiene que adelantar a las cosas, no es su función, la literatura es atravesarte, hacer que el lenguaje brille y expandir tu sensibilidad. Que el lenguaje brille no significa escribir bien, porque por ahí yo no escribo bien dentro de los parámetros de lo que se supone que es escribir bien, hablo de cuando el lector interpelado por el texto encuentra ahí un sentido de su personalidad más allá de lo que le imponen las demandas sociales. Hoy la gente tiene mucho miedo y eso lleva al fascismo; además, hay una presión muy fuerte, de que hay que tener la mejor mina, le presión de los quiscos sobre el erotismo, ser un ganador en todo, y vivimos entonces en una gran insatisfacción. Nuestra cultura va hacia un colapso demoledor.
Frente a eso, ¿podría leerse su literatura como un intento por rescatar la fragilidad de la vida?
Sí, agarrar las palabras, limpiarlas y volver a ponerlas en el concierto de significados. Que vuelvan a tener fuerza vital después de tanto tiempo estereotipadas; que lo que digan sea la vida.
http://soloentrevistas.blogspot.com

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Viggo Mortensen, un poeta suelto en Buenos Aires

Leyó poemas propios y ajenos frente a un auditorio colmado de un centro cultural de San Telmo. El actor y embajador mundial de San Lorenzo dio a conocer dos nuevas publicaciones de su editorial.
Lejos de conformarse con la fama que ganó a nivel mundial por su actuación en la exitosa saga titulada “El señor de los anillos”, el actor estadounidenseViggo Mortensen ya ha demostrado, en diversas oportunidades, que sus aptitudes e intereses exceden a la actuación.

Este artista que se define como fanático de San Lorenzo, uno de los clubes de fútbol más importantes de la República Argentina (país al que viaja con frecuencia y al que aprendió a querer durante los años que vivió allí junto a su familia), además de interpretar distintos personajes delante de una cámara, sabe y disfruta componer música, tomar fotografías, pintar y hasta desarrollar un perfil vinculado al mundo de las letras.
Ese costado creativo y asociado al ámbito literario lo llevó a crear una editorial llamada Perceval Press y a explotar su faceta de escritor. Según revela el propio Mortensen al diario “Crítica de la Argentina”, la escritura es una actividad que lo seduce desde la adolescencia, época en la cual comenzó a crear poesías y cuentos, porque le permite “viajar, ver la vida desde múltiples puntos de vista y escapar de momentos o situaciones difíciles que, a lo mejor, no tienen aparente alivio”. En definitiva, reflexiona el actor, inventar historias o plasmar sus pensamientos o sensaciones en un papel le sirve para “entender y aprender” lo que sucede en su interior.
De todas formas, es importante destacar que, por estos días, no es su veta poética la responsable de haberlo convertido en noticia sino su decisión de lanzar, a través de su editorial, la “Antología de la Nueva Poesía Argentina”, un libro de tapa dura donde están reunidas las obras de algunos de los autores enmarcados en la llamada “Poesía de los 90″, entre los que se encuentran Fabián CasasGabriela BejermanWashington Cucurto,Fernanda Laguna y otros.
Aunque, según confiesa, a lo largo de su vida ya había leído algo de poesía argentina, este proyecto basado en escritores argentinos surgió por un comentario que le realizó Kevin Power, un crítico de arte que ya había trabajado con él. A partir de entonces, Mortensen se puso en contacto con los responsables de esta obra y así fue cómo se inició el proceso de publicación de este trabajo que no sólo deja en evidencia el talento de los poetas argentinos sino también el amor y el interés que siente Viggo por su segunda patria.
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sábado, 6 de noviembre de 2010

Franz Kafka en pedazos

"El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está extendida en alto, sino sobre el suelo. Parece preparada mas para hacer tropezar, que para que se siga su rumbo"."Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia. Interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado al derredor de una realidad artificial"."A partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto que hay que alcanzar""El poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia"."En un tiempo no podía comprender porqué no recibía respuesta a mi pregunta, hoy no puedo comprender como pude estar engañado hasta el extremo de preguntar. Pero no es que me engañase, preguntaba solamente". "Sólo temblor y palpitación fue su respuesta a la afirmación de que tal vez poseía pero no era". 
"Lo que nos hace llamar con el nombre de juicio final al juicio universal, es sólo nuestra concepción del tiempo; en realidad se trata de un juicio sumario". 
"Por fortuna, la incoherencia del mundo parece ser de índole solamente cuantitativa". 

Carta a Felice, 21 de junio de 1913
"... Pero que me dices, Felice, acerca de una vida matrimonial en la cual, por lo menos durante algunos meses al año, el marido regresa de la oficina hacia las 2.30 o las 3, come, se acuesta y duerme hasta las 7 o las 8, cena rápidamente, pasea durante una hora, y luego comienza a escribir hasta la 1 o las 2 de la madrugada. ¿Serías capaz de aguantar todo esto? ¿No saber nada del marido, sino que está en su cuarto escribiendo? ¿Y pasar así todo el otoño y el invierno? ¿Y hacia la primavera recibir a ese hombre medio muerto junto a la puerta del escritorio, para tener que contemplar durante la primavera y el verano como se recupera para el otoño y el invierno? ¿Es esta una vida posible? Quizá, quizá sea posible, pero es preciso que tú reflexiones sobre ello hasta la última sombra de una duda."
Reflexiones sobre el pecado, el dolor, la esperanza y el verdadero camino (1917-1919)
Los cuervos afirman que un sólo cuervo podría destruir los cielos. Indudablemente, es así, pero el hecho no prueba nada contra los cielos, porque los cielos no significan otra cosa que la imposibilidad de cuervos.
Los Sueños de Kafka
Diarios, 6 de mayo de 1912.
"Soñé hace poco:Viajaba con mi padre por Berlín, en el tranvía. La característica de gran ciudad consistía en innumerables barreras de tránsito, a intervalos regulares, erectas, rayadas y bicolores, de punta roma. Fuera de eso, casi todo estaba vacío; pero había una multitud considerable de dichas barreras. Llegamos frente a un portón, descendimos del tranvía sin advertirlo, entramos por el portón. Detrás de éste se alzaba una pared muy empinada, que mi padre escaló casi bailando; se le volaban las piernas, tan fácil le resultaba el ascenso. Evidentemente, implicaba cierta falta de consideración el hecho de que no me ayudara en lo más mínimo, ya que llegué a la cima con infinito esfuerzo, a cuatro patas, retrocediendo muchas veces como si la pared se hubiera vuelto más empinada para mí. También era desagradable que estuviera cubierta de excrementos humanos, que se me pegaban en copos colgantes por todo el cuerpo, especialmente en el pecho.Yo los miraba con la cara inclinada, y les pasaba la mano por encima. Cuando por fin llegué arriba, mi padre, que ya salía del interior de un edificio, se me echó al cuello, me besó y me abrazó. Llevaba mi levitón anticuado, corto, acolchonado interiormente como un sofá, que yo recordaba muy bien. "¡Este doctor von Leyden! Es un hombre extraordinario", exclamaba repetidamente. Pero no había ido a visitarlo en su condición de médico, sino como a una persona digna de conocer. Sentí cierto temor de que me obligara a entrar también a mí, pero esto no ocurrió. Detrás de mí, a la izquierda, vi a un hombre que me daba la espalda, sentado en una habitación prácticamente construida de vidrio. Resultó que este hombre era el secretario del Profesor; que mi padre en realidad sólo había hablado con él, y no con el Profesor en persona, pero que de algún modo había llegado a comprender perfectamente, a través del secretario, los méritos del Profesor, de modo que en todo sentido tenía tanto derecho de juzgar al Profesor como si le hubiera hablado personalmente".
Diarios, 30 de agosto de 1912.
"Esta tarde, mientras estaba acostado en la cama, alguien hizo girar rápidamente una llave en la cerradura; durante un instante tuve cerraduras por todo el cuerpo, como en un baile de disfraz; aquí y allá, con breves intervalos, abrían o cerraban una de las cerraduras".
Carta a Felice Bauer del 17 de noviembre de 1912.
"La otra noche te soñé, es la segunda vez. Un cartero me traía dos certificadas tuyas y me entregaba una en cada mano con un movimiento magníficamente preciso de los brazos que saltaban como émbolos de una máquina a vapor. Eran cartas mágicas. Podía extraer cuantas hojas quisiera sin que los sobres jamás se vaciaran. Me encontraba a mitad de una escalera y estaba obligado, no te ofendas, a tirar sobre los escalones las hojas ya leídas si quería extraer más de los sobres. Toda la escalera de arriba a abajo estaba cubierta de manojos de hojas y el papel elástico, ligeramente sobrepuesto, enviaba un fuerte murmullo".
 Carta a Felice Bauer del 28 de marzo de 1913.
"La ventana estaba abierta y en mi fantasía inconexa cada cuarto de hora yo saltaba por la ventana, continuamente, luego llegaba el tren y un vagón después de otro pasaba sobre mi cuerpo tendido en los durmientes y profundizaba y ensanchaba mis dos tajos: en el cuello y en las piernas".
 Carta a Felice Bauer del 6 de agosto de 1913.
"Tuve durante la noche un verdadero ataque de locura, no lograba dominar mis ideas, todo se disolvía hasta que en medio de mi máxima angustia vino en mi ayuda la figura de un sombrero negro como de comandante napoleónico, que se apoyó sobre mi conciencia y la mantuvo apretada con fuerza. Mientras tanto el corazón me latía magníficamente, luego tiré la frazada, aun cuando la ventana estuviera abierta de par en par y la noche estuviese bastante fresca".
 Díarios, 15 de octubre de 1913.
"Desesperado. Hoy, en el semisueño de la tarde: Este dolor terminará por hacerme estallar la cabeza. Y justamente en las sienes. Al imaginarme esto, lo que realmente vi fue una herida de bala; sólo que en torno del agujero los bordes estaban abiertos hacia afuera, con cantos afilados, como cuando se rompe violentamente una lata".
Diarios, 27 de mayo de 1914.
"Ayer el caballo blanco se me apareció por primera vez mientras me dormía; tengo la impresión de que surgió de mi cabeza, vuelta hacia la pared; pasó por encima de mí, y saltó de la cama, perdiéndose luego".
 Diarios, 6 de agosto de 1914.
"Contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantástica vida interior ha desplazado todo lo demás, y además la ha agotado terriblemente, y sigue agotándola. Ninguna otra cosa podrá jamás conformarme".
Carta a Milena del 7 de agosto de 1920.
"Esta noche maté. Alguien, un pariente, durante un diálogo que no recuerdo, que sin embargo significaba que éste o aquel eran incapaces de algo —un pariente, entonces, terminaba diciendo irónicamente: "Entonces Milena quizá"—. Como respuesta lo despedazaba no sé cómo, luego volvía a casa exaltado, mi madre corría detrás mío y también en el pasillo tenía lugar una conversación parecida; al fin, rojo de rabia, gritaba: "Si alguien nombra a Milena con malas intenciones, por ejemplo el padre (mi padre), lo mato a él también o me mato". Luego me desperté, pero no había sido ni un dormir ni un despertar verdaderos".
Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas. 
"Vi, desde la ventanilla de una pequeña habitación que surgía en medio del bote, una mano que surgía para saludarme y el fuerte rostro de una mujer, enmarcado por un pañuelo de puntilla negro, que se asomaba para mirar. "¿Mamá?", y sonreí. "Si quieres dijo ella. "Tú eres mucho más joven que papá", observé. "Sí", dijo ella, "mucho más joven: él podría ser mi abuelo y tú mi marido." "Sabes", dije, "es impresionante navegar de noche, sólos en un bote, y descubrir de repente que hay una mujer a bordo."
Carta
"Soy un hombre cerrado, taciturno, poco sociable, descontento, sin que todo ello constituya una infelicidad para mí, ya que es solamente el reflejo de mi meta. De mi modo de vivir en casa se puede sacar alguna deducción. Vivo en familia con personas bonísimas y afectuosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he cambiado en estos últimos años más de veinte palabras de promedio al día; con mi padre, nada más que el saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo en absoluto, sin que esto signifique que esté enojado con ellos. El motivo es sencillamente éste: no tengo absolutamente nada que decirles. Todo cuanto no es literatura me hastía y provoca mi odio, porque me molesta o es un obstáculo para mí, por lo menos en mi opinión".
23 de setiembre de 1912 Diarios.
"Esta historia de La condena la he escrito de un solo tirón en la noche del 22 al 23, desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana. Me costó mucho trabajo sacar mis piernas tiesas de tanto estar sentado debajo, del escritorio. Ese terrible esfuerzo y la alegría de ver cómo la historia iba desarrollándose ante mí, cómo iba avanzando sobre las aguas. Varias veces en esta noche mis espaldas cargaron con mi peso. Cómo pueden decirse todas las cosas, cómo para todo, para las más extrañas ocurrencias, hay dispuesto un enorme fuego, en el cual se consumen y renacen. Tras la ventana se hizo el azul. Pasó un coche. Dos hombres cruzaron el puente. A las dos consulté por última vez el reloj. Cuando la criada pasó por primera vez por la antesala, escribí la última frase. Apagué la lámpara; luz diurna. Esos débiles dolores de corazón. Ese cansancio que desapareció mediada la noche. Mi trémula entrada en la alcoba de las hermanas. Lectura en voz alta. Antes, el estirarse ante la criada y decir: "He escrito hasta ahora". El aspecto del lecho inmaculado, como si acabaran de arreglarlo. La convicción confirmada de que al escribir mis novelas me encuentro en deshonrosas hondonadas del escribir. Sólo así puede escribirse, sólo en un contexto. así, con esa total apertura del cuerpo y del alma ..."
Praga, 9 de noviembre de 1903 Carta a Oscar Pollak
"Hace tiempo que no escribo. Con ello me pasa lo siguiente: Dios no quiere que yo escriba, pero yo tengo necesidad de hacerlo. Así se produce un constante tira y afloja, pero en definitiva Dios es el más fuerte, y hay en ello más desgracia de lo que puedas imaginarte. Hay en mi interior muchas fuerzas atadas a una estaca de la cual nazca quizás un verde árbol, mientras que liberadas podrían ser útiles a mí y al Estado. Pero con quejas no se desprende uno de ruedas de molino, y menos aún cuando uno les tiene cariño".
Carta al Padre
"Te lo ruego, papá, comprende lo que te digo, todos estos detalles no habrían tenido importancia por sí solos. Me deprimían únicamente por el hecho de que tú, el hombre que tan enormemente ha influido en mi vida, sin embargo, no observaba los mandamientos que imponía. Por ello subdividí el mundo en tres partes: una, en la cual vivía yo, el esclavo, bajo leyes que sólo hablan sido inventadas para mi y a las que yo, por otra parte —sin saber por qué— nunca más podía cumplir en forma satisfactoria: luego un segundo mundo, infinitamente lejos del mío, en el cual vivías tú, ocupado en gobernar, emitir las órdenes y disgustarte a causa de su incumplimiento; finalmente un tercer mundo, en el cual vivía el resto de la gente, feliz y sin órdenes ni obediencia"."Desde muy temprano tú me prohibías la palabra. Te recuerdo siempre amenazante "¡Ni una palabra de réplica!" y levantando la mano al mismo tiempo. Cuando se trata de tus asuntos, tú eres un excelente orador y yo adquirí en tu presencia un modo de hablar entrecortado, tartamudeante, y aun eso era demasiado para ti: finalmente me quedé callado, primero acaso por terquedad y más adelante, debido a que en tu presencia no podía ni pensar ni hablar". "Tú me decías: "Ni una palabra más" y con ello querías acallar en mí las fuerzas contrarias que te eran desagradables. Pero tal influjo era demasiado fuerte para mí, yo era demasiado obediente y enmudecí del todo, me oculté de ti y sólo osaba moverme cuando estabas tan lejos que tu poder, cuando menos directamente, ya no me alcanzaba". 
"Entre nosotros no hubo realmente ninguna lucha; yo de inmediato estuve liquidado; lo que quedó era huida, amargura, tristeza, lucha interna".
conversación con un periodista checo, Gustav Janouch
"Usted se toma demasiada molestia por cosas efímeras. En su mayor parte estos libros modernos son pálidos reflejos de lo cotidiano. Se extinguen demasiado pronto. Debiera leer más libros viejos. Clásicos. Goethe. Lo viejo extrovierte su valor íntimo, lo imperecedero. Lo que solamente tiene carácter de novedad es cosa pasajera. Hoy es bello, mañana parece ridículo... Tal vez es la ruta que sigue la literatura".


 Fragmentos extraídos de:
El Proceso: Franz Kafka. Editorial Andrés Bello. Año 1998. 3º edición. 304 págs.
Los Sueños: Franz Kafka. Editorial Perfil Libros. Año 1998. 116 págs.
Carta al Padre: Franz Kafka. Editores Mexicanos Unidos. Año 1999. 94 págs.
No Soy Una Luz: Franz Kafka. Editorial Tiempo. Año 1977. 89 págs.
Carta al Padre: Franz Kafka. Editorial Perfil Libros. Año 1998. 108 págs.
Aforismos (Consideraciones acerca del pecado)

  

Recopilación:
Lic.Jorge Horacio Raíces Montero
Psicólogo Clínico
Asesor Castellanoparlante de la Organización Internacional Intersexual - OII
Miembro del Comité World Association For Sexual Health