Mostrando entradas con la etiqueta Historia argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia argentina. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de agosto de 2011

Huerque Mapu, Hebe Rosell, Calamaro, Zitarrosa y Kirchner. Adagio a mi Pais


El músico escribió en México un homenaje al ex presidente, luego de enterarse de su muerte. Esta nota cuenta la historia de una relación, casi secreta, con una canción en el medio

Año 3. Edición número 129. Sábado 6 de noviembre de 2010

Néstor era un veinteañero flaco, alto, desgarbado y de pelo largo cuando escuchó por primera vez al grupo Huerque Mapu, en los convulsionados primeros años ’70. Para un militante de la izquierda peronista los Huerque Mapu eran parte posible de la búsqueda de la propia identidad: se trataba de un grupo claramente vinculado con las luchas del momento, que había debutado en Capital Federal tocando en un acto en la Facultad de Arquitectura a beneficio de los obreros agrupados en algunos de los sindicatos más combativos. Entre los cuatro varones del quinteto, la voz de la soprano Hebe Rosell se hacía notar de inmediato. El grupo, que pagaría más adelante muy caro su decisión de grabar en 1974 la llamada Cantata Montonera, inspirada en la chilena Cantata Santa María de Iquique, trabajaba con los arreglos más típicos de la renovación del folklore de los ’60, pero agregándole una evidente dosis de sentimientos que prenunciaban una nueva era, que estaba naciendo, y que terminaría luego de la breve primavera camporista. “Vamos a hacer la patria peronista, vamos a hacerla montonera y socialista”, cantaban las multitudes de las que Néstor y su joven novia Cristina se sentían parte.
Los otros integrantes de aquel Huerque Mapu (Mensajeros de la Tierra, en mapuche) eran Naldo Labrín, Tacum Lazarte, Ricardo Munich y Lucio Navarro. Un poco después de haber descubierto al grupo, Néstor se “enamoró” de su versión de Adagio en mi país, un tema premonitorio de Alfredo Zitarrosa. El propio cantor uruguayo escribió en la contratapa de aquel disco un texto consagratorio, en el que destacaba su emoción de autor al asistir a la grabación de Huerque Mapu, en un estudio porteño. Le conmovía, entre otras cosas, el avanzado embarazo, que le cortaba el aliento, de Hebe Rosell. Nadie sabía que un por entonces preadolescente hermano menor de aquella mujer embarazada se convertiría un día en una estrella de rock. El hermanito de Hebe se llamaba Andrés Calamaro. Unos 25 años después de aquellos hechos, en una tácita cita a aquel disco de Huerque Mapu que tanto le gustó al Néstor Kirchner veinteañero, Andrés grabaría su propia versión de Adagio en mi país, para un compact casi fantasma de homenaje a la causa zapatista, producido por su hermano Javier.
Cuando Néstor Kirchner fue presidente se enteró de la historia que unía su militancia juvenil, una época que lo marcó para siempre, con la vida de la familia Calamaro, y con Hebe en el recuerdo, invitó a Andrés a la Casa Rosada, y luego a un viaje en el avión presidencial. El músico pidió que no se hiciera prensa de esas actividades porque no buscaba promoción de una relación que estaba empezando y que tenía en el medio el afecto de un político de primer nivel por una artista que la Argentina actual apenas si conoce. En México, donde vive desde los años de plomo, Hebe Rosell ha desarrollado una larga carrera como actriz, y vuelve aquí muy de vez en vez. Cierta vez, Hebe le hizo llegar a Kirchner una carta de elogio a su tarea como presidente. Emocionado hasta las lágrimas, el primer mandatario llamó a Andrés para contárselo, un inolvidable 30 de diciembre. De aquellos encuentros y comunicaciones telefónicas surgió una relación de cordialidad entre el autor de Mil horas y otros miembros del Gobierno, que lo admiran en silencio. Eso explica, por ejemplo, la presencia del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en el comienzo del nuevo videoclip del músico, Tres Marías, estrenado el mes pasado.
“Me pareció que eran actividades que debían quedar en el mundo de lo privado, porque fueron encuentros entre personas que intentaban conocerse por una corriente de mutua simpatía”, le contó el músico aMiradas al Sur sobre sus encuentros con el hoy fallecido ex presidente. A tal punto esa simpatía fue privada que el músico quedó afuera este año de la programación artística de la Fiesta del Bicentenario, lo que generó por entonces especulaciones estúpidas, de los estúpidos a sueldo, sobre cuál era su actitud hacia la política general del Gobierno. “Yo vengo de una familia de socialistas y desarrollistas y como artista que soy, creo que el mejor gobierno es ningún gobierno”, puntualiza Calamaro sobre su relación con la política. “Pero al mismo tiempo tengo claro que Néstor Kirchner fue el mejor presidente que tuvo la Argentina en los últimos cincuenta años, de los que viví cuarenta y nueve y medio, y que eso la historia lo reconocerá, lo está reconociendo”. Calamaro, que tiene un grupo de agitación poética llamado La Tropilla de la Zurda, ha dicho ya más de una vez en público que ve la vida desde una perspectiva vinculada a las teorías del marxismo.
Por unas de esas sincronías en que se empeña el destino, Calamaro estaba en México, cerca su hermana, presto a tocar allí, cuando se enteró la semana pasada de la muerte del ex presidente. Allí en caliente, casi sin usar, por ejemplo, signos de puntación, escribió el texto que sigue, que se entiende con facilidad si se le agregan los elementos de la historia contada hasta aquí en esta nota. Néstor es el texto de Calamaro que acompaña esta nota y que circula en Internet, ya que fue subido de inmediato a su blog.
No sería raro que de este texto surgiera una canción, y que esa canción fuera a parar a un próximo disco. Adagio en mi país dice, en su versión completa: “En mi país, qué tristeza/la pobreza y el rencor/dice mi padre que ya llegará/desde el fondo del tiempo otro tiempo/y me dice que el sol brillará/sobre un pueblo que él sueña/labrando su verde solar./En mi país qué tristeza,/la pobreza y el rencor./Tú no pediste la guerra/madre tierra, yo lo sé/dice mi padre que un solo traidor/puede con mil valientes/él siente que el pueblo, en su inmenso dolor/hoy se niega a beber en la fuente/clara del honor./Tú no pediste la guerra/madre tierra, yo lo sé./En mi país somos duros,/el futuro lo dirá./Canta mi pueblo una canción de paz/detrás de cada puerta/está alerta mi pueblo/y ya nadie podrá/silenciar su canción/y mañana también cantará./En mi país somos duros/el futuro lo dirá./En mi país, qué tibieza,/cuando empieza a amanecer./Dice mi pueblo que puede leer/en su mano de obrero el destino/y que no hay adivino ni rey/que le pueda marcar el camino/que va a recorrer/En mi país, qué tibieza/cuando empieza a amanecer”.

martes, 19 de abril de 2011

HOMENAJE A LEOPOLDO MARECHAL Ernesto Sábato

Palabras pronunciadas por Ernesto Sabato en el "Homenaje a Leopoldo Marechal", llevado a 
cabo en la Universidad de Belgrano, ciudad de Buenos Aires, el 20 de julio de 1978.
Sería una ofensa hacer aquí, en tan pocos minutos, el examen y el elogio de la obra de Leopoldo Marechal. Tampoco es necesario: pasará a la historia de la lengua castellana como insigne hito de la poética y la narrativa. A ese monumento que le tiene reservado el tiempo no se le pueden arrojar bombas de alquitrán, y ha de ser invulnerable al insulto, la ironía, la envidia y el silencio: esos premios que con harta frecuencia los hombres de letras de nuestro país confieren a los que deberían honrar.Es arriesgado buscar atributos

imagen obtenida del sitio                                http://www.elortiba.org/marechal.html                                meta-históricos en los pueblos, pero la antigüedad y la potencia de alguno producen algunas tenaces constantes a lo largo de su historia. Tal sucede con ese  milenario, duro y grande pueblo hispánico que dio su sello a esta tierra americana; un sello tan profundo e imborrable que hoy, después de cinco siglos de conquista, seguimos hablando la lengua de Castilla:y no únicamente los viejos criollos descendientes de españoles, sino también los hijos y nietos de alemanes, italianos, rusos, sirios, judíos, polacos y armenios. Un  fenómeno asombroso que revela la fuerza espiritual de aquella conquista, pues la raza que fue cruelmente despojada y humillada no sólo ha producido dos de los más altos poetas de la lengua castellana; Rubén Darío y César Vallejo; sino que esos poetas han cantado a España en poemas memorables. Pero las virtudes suelen convertirse en defectos cuando se extreman. Y así, el orgulloso individualismo hispánico, su altivo sentimiento de independencia, derivó hacia el feroz egocentrismo y el desprecio por el otro, lado sombríamente destructivo que hemos quizás heredado- 
En el prólogo a su obra sobre el Cid, con amargura Menéndez Pidal señala este defecto de la raza, y escribe: "La invidencia hispánica, vicio eminentemente hispánico, entorpeció tenaz la obra del Cid, sin tener en cuenta el daño colectivo que en la guerra antiislámica se seguía al destierro del héroe superior." Así era Castilla, "que face los omes e los gasta". Y agrega que esta peculiaridad venía de lejos, pues ya Estrabón caracterizó a los íberos como orgullosos y torpes para la confederación. Y aquella envidia-aquella invidencia-obró siempre como disolvente social y como fuente de resentimiento colectivo.
"Torpes para la confederación", sagazmente describe Estrabón. Y cuando Simón Bolívar, después de su portentosa epopeya, declara con amargura que "ha arado en el mar",pues que apenas  liberados estos pueblos se sumen en la más feroz de las anarquías, confirma que dos mil años después se mantiene intacto este terrible atributo de un gran pueblo- tanto más perdurable y terrible cuanto más grande es el pueblo que lo posee. Y todavía hoy, aquí mismo, cada régimen, cada gobierno rompe lo positivo que pudiera haber en el régimen anterior; cambia de rumbo, destroza o contradice lo que hicieron los hombres que los precedieron. Y así sobrevivimos en medio de proyectos abortados, impulsos detenidos, enseñanzas opuestas, cambios de nombre en las calles y plazas. Claro que hay excepciones, pero cuando se producen las miramos con estupor, y por lo general las atribuimos a una especie de distracción o de olvido, porque aquí ni en lo destructivo somos sistemáticos, ni en lo malo somos buenos. De este modo, nuestra historia es una sucesión de diatribas, cada facción se considera dueña absoluta de la verdad. La Argentina ha estado dividida siempre entre puros y réprobos. Para los unos, Rosas es un genio virtuoso, para los otros un sanguinario chacal, cuyas cenizas ni siquiera tienen el derecho a descansar en su tierra. Pensemos lo que en cambio sucede en un país como Francia, donde sus conductores invariablemente son honrados, cualesquiera sean las opiniones sobre ellos por encontradas que sean; donde un hombre como Napoleón, todavía execrado por multitud de franceses, es recordado por una hermosa calle, por un imponente panteón, por las grandes avenidas que conmemoran sus grandes batallas. Ansioso desde su juventud por la justicia social, Leopoldo Marechal fue desde la primera hora un peronista consecuente. No obsecuente, como jamás lo son los espíritus grandes, y bastaría recordar que en 1951 fue separado del cargo que tenía. En virtud de ese perdurable defecto de nuestra herencia hispánica, su militancia le valió enemistad, rencor y silencio: un silencio poderoso y siniestro, apenas quebrado por algunos intelectuales que, por encima de sus discrepancias políticas, reconocieron en él uno de los más grandes escritores argentinos. 
Se le calificó de resentido, de vanidoso que pretendía ser genio, de engreído y hasta de tomista; como si compartir ideas de Santo Tomás pudiese ser motivo de desprecio. Un eminente hombre de letras lo calificó, para colmar la horrenda medida, de delincuente. 
Casi solo, pero apoyado en ese puntal de acero y ternura que fue su compañera, en su pequeño y pobre departamento de la calle Rivadavia, se aguantó aquel durísimo exilio en su propia patria, esa patria que quería hasta la agonía. Modesto, pero también con la conciencia de su grandeza;ya que se puede ser modesto frente a los valores supremos y arrogante frente a los idiotas;en momentos de extrema amargura llegó por fin a quejarse, murmurando:  "¿Cuándo mis compatriotas dejarán de orinarme encima?".
Tenía, como todo gran artista, algo de niño. Era un espíritu evangélico, uno de esos seres que parecen salvar el espíritu cristiano de esa Iglesia objetivada de que hablan Berdiaev y Urs von Balthasar. Era bondadoso, pero no en el sentido trivial de la palabra, ya que no podemos ni debemos permanecer bovinamente impasibles frente a la injusticia o la tortura. En uno de sus grandes poemas dice, en efecto: "No vaciles jamás en la defensa o enunciación o elogio de la Verdad, del Bien y de la Hermosura: son tres nombres divinos que trascienden al mundo, y es fácil deletrear su ortografía. No los traiciones, aunque te hagan polvo". Fue precisamente su sagrado sentido de la justicia lo que lo impulsó hacia el socialismo en su juventud y hacia el peronismo en sus años maduros. Porque, cualquiera que sea el juicio que merezca la persona de Perón;y el mío es públicamente negativo;, nadie puede negar que encabezó el más vasto y profundo proceso en favor de los desheredados. Y Leopoldo sentía como pocos el dolor de los indefensos, y amaba a su pueblo como siempre lo han hecho los artistas verdaderamente grandes: desde Cervantes hasta Tolstoi. Y, como es peculiar en esta clase de seres, no amaba al hombre en abstracto, esa Humanidad con mayúscula bajo cuya invocación se han instaurado hasta campos de concentración, sino al pequeño y precario y sufriente ser de carne y hueso. 
Más aún: ansiaba que sus obras pudieran servir a ese hombre concreto, ayudándole a mitigar sus desdichas, respondiendo a sus más dolorosos interrogantes, revelándole su propia tierra, esa patria también concreta que está hecha de trigales, de pájaros y lagunas en el campo, de calles y rincones en su ciudad, de amores y crepúsculos, de venturas y desventuras en común. 
Esa patria que él amaba y que bellamente resplandece en sus páginas; en un amor que paradó- jicamente se revela hasta en sus más amargas reflexiones, cuando critica a los que lo ensucian o arrastran por el suelo, o lo posponen a sus sórdidos bolsillos. Pues no olvidemos que aun las mejores patrias, aquellas que han dicho algo al mundo, infinidad de veces fueron amonestadas por sus grandes espíritus, con el corazón desgarrado y sangrante: por Holderlin y por Nietzsche, por Dostoievsky y por Tolstoi. Y por aquel nobilísimo Puchkin que, después de reírse con las descripciones que Gogol le leía, terminó exclamando con la voz anudada por la amargura: 
"¡Dios mío, qué triste es Rusia! ".
También Leopoldo Marechal, en un poema memorable, exclama, o quizá murmura con infinita pesadumbre: 

La Patria es un dolor que aún no sabe su nombre.
ERNESTO SABATO
Fuente: http://www.geocities.com/leerasabato/marechal.htm
http://www.elortiba.org/pdf/Marechal_Sabato.pdf

Otra de sus frases, vaya si vigente.

"Creo que actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos de toda índole que lo rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros, y muy particularmente de las nuevas generaciones.
Desde hace algunos años oigo hablar de los escritores “comprometidos” y “no comprometidos”. A mi entender, es una clasificación falsa. Todo escritor, por el hecho de serlo, ya está comprometido: o comprometido en una religión, o comprometido en una ideología político-social, o comprometido en una traición a su pueblo, o comprometido en una indiferencia o sonambulismo individual, culpable o no culpable." 

Leopoldo Marechal 

viernes, 19 de noviembre de 2010

Semblanzas de Arturo Jauretche - La sobriedad en todo






Arturo Martín Jauretche nacio en Lincoln, provincia de Buenos Aires, 13 de noviembre de 1901 fallecio en Buenos Aires, 25 de mayo de 1974) fue un pensador, escritor y político argentino.
Según un Diccionario
semblanza significa : . Descripción física o moral de una persona, generalmente acompañada de una breve historia de su vida.
Bueno es lo que la gente de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires muestra en este audio que yo he tomado y agregado a los 15 videos que he subido.
http://abc.gov.ar/


Breve Biografía:
Pensador, escritor, ensayista y político argentino, gran crítico y protagonista de la historia Argentina. Arturo Jauretche fue el primero de los diez hijos que tuvieron Pedro Jauretche, funcionario municipal y figura importante del partido Conservador de Lincoln y Angélica Vidaguren, maestra. La infancia y adolescencia de Arturo Jauretche transcurren en su ciudad natal y tiempo después, tras radicarse en Chivilcoy, participa en las luchas estudiantiles por la Reforma Universitaria de 1918. En 1922 simpatizó con el nuevo modelo de integración social promovido por la Unión Cívica Radical y se incorporó al sector de Hipólito Yrigoyen, los llamados radicales personalistas. En 1928, Arturo Jauretche fue nombrado funcionario en el segundo mandato de Yrigoyen, pero sólo duró hasta 1930, cuando se produjo el primer golpe de estado (1930-1943) encabezado por José Félix Uriburu, que dio lugar a la llamada Década Infame.



Desde ese momento, Arturo Jauretche protagonizó la lucha callejera, combatiendo a mano armada con los insurrectos y desarrollando una intensa actividad política. En 1933 hallándose en la provincia de Corrientes, tomó parte en el alzamiento de los coroneles Roberto Bosch y Gregorio Pomar y tras ser derrotados cayó preso. La disparidad de criterios entre Arturo Jauretche y el radicalismo encabezado por Marcelo Torcuato de Alvear propiciaron en 1939 el nacimiento de la agrupación política FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), de desarrolla los lineamientos del nacionalismo democrático. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), desde FORJA sostuvo la posición de neutralidad. Luego del golpe militar de 1943 que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón Castillo, FORJA anunció que sus objetivos se habían satisfecho y se disolvió en 1945. Ese mismo año, Arturo Jauretche se adhirió al peronismo y unos años después fue nombrado presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, cargo que mantuvo hasta 1951. Tras producirse la Revolución Libertadora que derrocara a Juan Domingo Perón en 1955, Arturo Jauretche fundó el periódico "El Líder" y el semanario "El '45", donde criticó el régimen de facto y fue perseguido y obligado a exiliarse en Montevideo (Uruguay). En el exilio se mantuvo crítico con la sociedad argentina, proponiendo la integración de los intereses de la burguesía y el proletariado para el desarrollo de una economía sólida. Esta posición le granjeó enemistades por parte de los liberales y de la dirigencia justicialista.





Lo que caracterizó a Arturo Jauretche a lo largo de su vida fue su honestidad intelectual y su permanente compromiso con sus ideales. Su última relación con la política fue en 1961 cuando se postuló a senador nacional y no logró ingresar al senado. A partir de entonces, la actividad como escritor de Arturo Jauretche fue intensa, llegando a publicar el primer volumen de su autobiografía "De memoria. Pantalones cortos" en 1972 y falleciendo antes de terminar los tres volúmenes de su obra. Arturo Jauretche popularizó palabras que definen actitudes políticas, como "oligarca" o "vende patria".




La Ceniza y la Brasa: Arturo Jauretche es un documental dirigido por : Julio Fernandez Baraibar , El realizador de este video intenta trazar una semblanza de Arturo Jauretche en su dimensión de político, escritor y pensador y una relación de los momentos históricos es un gran trabajo que nos ayuda a llenar muchos huecos que la historia oficial dejo adrede .

Fuente :
http://www.leedor.com/custom/detalle-...
Biografia: http://es.wikipedia.org/wiki/Arturo_J...

Aquí algunos de sus pensamientos más cerebres:
http://www.frasesypensamientos.com.ar...

http://www.elforjista.com.ar/

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Roberto Arlt. El intelectual alienado

Por Juan José Hernández Arregui




Comida con motivo del primer aniversario de la inauguración de los talleres gráficos de la Editorial Claridad, en la calle San José de la ciudad de Buenos Aires (1925). En la fila de los sentados, el primero de la izquierda es el editor Antonio Zamora; el tercero de la izquierda, Roberto Arlt;  y el último, Elias Castelnuovo.


Pocos años antes de morir Karl Marx en la soledad de Londres, ya comenzaba a proliferar en Europa una legión de diminutos epígonos, empeñados en malversar la formidable herencia teórica del genial pensador de Tréveris.


Accesibles folletines ofrecían un infalible mecanismo interpretativo “marxista”, que permitía descifrar el presente, el pasado y el futuro de la sociedad. Para ello bastaba establecer una correlación automática de las leyes e ideas o del arte y la literatura, con el medio económico en el que tenían lugar tales manifestaciones

Pero Marx ya había advertido sobre el carácter ambiguo y matizado que revisten las relaciones entre base y superestructura, así como de las dificultades que debía sortear el investigador que ahondara estos temas.

Es notable que Hernández Arregui asumió tales advertencias. El presente texto —tomado de su libro Imperialismo y Cultura— enfoca parte de la obra de Roberto Arlt y encuentra, con certero rigor y lejos de cualquier simplificación mecanicista, algunos síntomas generales de la clase media de Buenos Aires durante la llamada “Década Infame”.

La inteligencia argentina de esa época, molida por la máquina del periodismo, después de 1930 se torna acre. Su realismo es grosero o enfermizo. Buenos Aires, ciudad de traficantes, no lee. Este sentimiento de fracaso intelectual ha sido expuesto por Roberto Arlt en una de sus creaciones más importantes y menos conocidas:Escritor fracasado.

En este relato, intermedio entre el drama y la farsa, se sigue el aplastamiento y deserción del escritor porteño. En él, con manifiesto material autobiográfico, Arlt refiere el lento proceso de degradación y la final nulidad del intelectual de la pequeño-burguesía porteña:

"Yo era una esperanza. Y una esperanza sin proporciones es siempre superior a una realidad mensurable. Espoloneado por mi amor propio, juré ver muy lejos, sin cavilar que mi ‘muy lejos’ pertenecía al pasado. ¡Es tan fácil, por otra parte, enunciar propósitos sin proporción!"

Pero los propósitos desproporcionados denuncian en el escritor alienado en su conciencia social, la falta de estímulos reales en una sociedad sumida en la indiferencia, en la ausencia de perspectivas.

Estos escritores asisten al envejecimiento prematuro de sus ideales. Cedieron ante una realidad endurecida. Una realidad sobre la que no podía edificarse ninguna seguridad. Algunos se suicidaron. Fluctuantes entre el nihilismo, la revolución, la versatilidad ideológica y el escepticismo político, anclaron en el individualismo agresivo o en el indiferentismo:

“¿Qué escrúpulo podía impedirme escribir un libro negativo, fabricar algo así como un Eclesiastés para intelectuales sietemesinos, demostrándoles con habilidad cuan engañosos resultaban sus esfuerzos frente a la estructura del Universo? ¿A quiénes aprovechaban sus esfuerzos estériles? ¿No era preferible vender telas tras un mostrador o pesar vituallas en una feria a sacrificarse?... ¿Y al final, con qué ventajas?... ¿Para que un lector desconocido se distrajera unos minutos en una lectura desocupada que jamás sospecharía cuentos esfuerzos había costado”.

Esta estructura del Universo que aprisiona al espíritu, es en realidad Buenos Aires, con sus desocupados, sus feriantes italianos y sus habitantes innominables perdidos en la ciudad sin espíritu, donde todo ha sido colonizado.

La angustia de Arlt refleja la pérdida de la ruta colectiva del país, percibida por todos irracionalmente y sufrida por múltiples conciencias individuales atomizadas en la ciudad cartaginesa. Sobre esta realidad el artista se siente superfluo, vencido por las fuerzas luctuosas del universo, solo frente a la eternidad. Pero este desgarramiento del "yo", no es más que la contratapa del enanismo de la propia situación social del escritor, empeñado en conquistar la gloria en el diario impersonal, en la agencia noticiosa impersonal, en el monopolio impersonal con sede en Londres o en Wall Street.

En este cuento de Arlt se siguen paso a paso, en magistral análisis psicológico, las dudas del escritor de "conciencia turbada", como se dice ahora, entre la acción y el refugio en el arte puro.

(...) He aquí el retrato del escritor pequeño-burgués. El hombre angustiado de Roberto Arlt es la baja clase media acorralada de la década del 30. La expresión de su protesta impotente. De su aislamiento material. Transportada a la esfera del Arte, esa realidad mezquina se disfraza con la crítica desesperada del género humano que oculta al porteño real de los barrios empobrecidos tras la tabulación estéril del dinamitero, caricatura literaria del individuo hostigado, sin conciencia de las relaciones objetivas que lo condenan al desequilibrio con la sociedad.

El pequeño burgués ve su situación desde un ángulo falso. En las épocas prósperas su relativa independencia económica le impide concebirse como miembro de una clase. Pero en los momentos de intranquilidad se siente repentinamente desgarrado. Y es que en los períodos de crisis la pequeño burguesía está efectivamente desgarrada. En cada uno de sus integrantes late la ambición de 300 Millones (1).

Su referencia sufriente al mundo, aunque se tiña de amor a la humanidad, es fruto del divorcio entre la vida y el deseo de afirmarse en ese mundo fundado en el dinero.

Por eso, los personajes de Roberto Arlt, pese a su condición de fronterizos, son psicológicamente veraces. La novelística de Roberto Arlt, es con relación a la pequeño burguesía urbana sin conciencia del país, el enigma literariamente resuelto de la crisis de 1929, la solapada miseria de una clase vista con lente de aumento. Una época en la que se estrellaron las esperanzas de la casita propia, del empleo estable, el pobre “optimismo de los triunfadores de mañana”.

Los personajes deshechos de Roberto Arlt intuyen un destino lóbrego del que se sienten prisioneros. Esta fatalidad aciaga, impalpable, los determina sin esperanzas. Todos terminan en el ensueño inútil, en el fracaso frente a la realidad hostil. El ser solitario que sufre, sin conciencia de su propia situación social, hipostasía su sufrimiento en la religión, en el arte, el anarquismo ético o el suicidio.

La frecuencia de lo sorpresivo en sus novelas reproduce bien esa fe en la casualidad salvadora, en el azar milagroso, en un mundo real condicionado donde el individuo sucumbe frente a las posibilidades sobresaturadas del mercado.

No es casual que estas fantasías de los seres desdichados de Arlt prendan, con frecuencia, en personajes que aspiran a convertirse en inventores científicos y millonarios; y refleja, además, el sentimiento de la inutilidad de la inteligencia pura en un mundo así.

Sus personajes son idealistas que no han tenido éxito en el mostrador del tendero. Una realidad material sombría los empuja al ensueño. Todos los personajes de Arlt son ilusos marcados por la humillación social. Su literatura no es ni progresista como lo ha pretendido Raúl Larra, ni reaccionaria como lo ha sostenido Roberto Saloma. Es el corte transversal de un sector social de Buenos Aires fotografiado en medio del desordenamiento económico y político del país que anuncia cambios revolucionarios de la sociedad en su conjunto.

La literatura de Arlt no es revolucionaria, pero por su desnuda brutalidad, es como la cámara subterránea de una subversión que se prepara en la oscuridad, más allá de las intenciones estrechas disfrazadas de idealismo de sus personajes. Tampoco es reaccionaria, pues implica una crítica ruda a la sociedad, pero muestra la falta de solidaridad, el aislamiento aritmético de grupos urbanos cuyos individuos, en su egoísmo, deambulan fragmentados por el mundo.

La obra de Roberto Arlt es indispensable para comprender la psicología de la baja clase media porteña pauperizada en un momento social de su desarrollo urbano, aterrorizada por la crisis e inclinada tanto a la fraseología revolucionaria como a los compromisos más abyectos.

(1) Nombre de una obra teatral del propio Roberto Arlt.


http://contexthistorizar.blogspot.com/

jueves, 28 de octubre de 2010

siempre se van los que no debian irse?

no soy lo que deberíaSe fue un ex Presidente que hizo mucho mas que todos juntos antes. Aunque haya siempre caranchos revoloteando y buscando sacar provecho de las miserias.

Que los argentinos bien nacidos y de buena voluntad usen esta desgracia para unirse en serio y ayudar a la Sra Presidenta desde lo humano y lo profesional para por fin, enderezar las naves hacia una Patria mas justa, mas solidaira y para todos/as.


Mempo Giardinelli, El Clarín, Chile, 28 de octubre de 2010
  
Los veremos en la tele, los veo ya en este mediodía soleado que aquí en el
Chaco, al menos, resplandece como para una mejor causa.
Nunca fui kirchnerista. Nunca vi a Néstor en persona, jamás estuve en un mismo
lugar con él. Ni siquiera lo voté en 2003. Y se lo dije la única vez que me
llamó por teléfono para pedirme que aceptara ser embajador argentino en Cuba.
Siempre dije y escribí que no me gustaba su estilo medio cachafaz, esa
informalidad provocadora que lo caracterizaba. Su manera tan peronista de hacer
política juntando agua clara y aceite usado y viscoso.
Pero lo fui respetando a medida que, con un poder que no tenía, tomaba
velozmente medidas que la Argentina necesitaba y casi todos veníamos pidiendo a
gritos. Y que enumero ahora, porque en el futuro inmediato me parece que
tendremos que subrayar estos recuentos para marcar diferencias.
Fue él, o su gobierno, y ahora el de Cristina:
—El que cambió la política pública de Derechos Humanos en la Argentina. Nada
menos. Ahora algunos dicen que estar "hartos" del asunto, como otros criticaron
siempre que era una política más declarativa que otra cosa. Pero Néstor lo hizo:
lo empezó y fue consecuente. Y así se ganó el respeto de millones.
—El que cambió la Corte Suprema de Justicia, y no importa si después la Corte no
ha sabido cambiar a la justicia argentina.
—El que abrió los archivos de los servicios secretos y con ello reorientó el
juicio por los atentados sufridos por la comunidad judía en los 90.
—El que recuperó el control público del Correo, de Aguas, de Aerolíneas.
—El que impulsó y logró la nulidad de las leyes que impedían conocer la verdad y
castigar a los culpables del genocidio.
—El que cambió nuestra política exterior terminando con las claudicantes
relaciones carnales y otras payasadas.
—El que dispuso una consecuente y progresista política educativa como no tuvimos
por décadas, y el que cambió la infame Ley Federal de Educación menemista por la
actual, que es democrática e inclusiva.
—El que empezó a cambiar la política hacia los maestros y los jubilados, que por
muchos años fueron los dos sectores salarialmente más atrasados del país.
—El que cambió radicalmente la política de Defensa, de manera que ahora este
país empieza a tener unas Fuerzas Armadas diferentes, democráticas y sometidas
al poder político por primera vez en su historia.
—El que inició una gestión plural en la Cultura, que ahora abarca todo el país y
no sólo la Ciudad de Buenos Aires.
—El que comenzó la primera reforma fiscal en décadas, a la que todavía le falta
mucho pero hoy permite recaudaciones récord.
—El que renegoció la deuda externa y terminó con la estúpida dictadura del FMI.
Y por primera vez maneja el Banco Central con una política nacional y con record
de divisas.
—El que liquidó el infame negocio de las AFJP y recuperó para el Estado la
previsión social.
—El que con la nueva Ley de Medios empezó a limitar el poder absoluto de la
dictadura periodística privada que todavía distorsiona la cabeza de millones de
compatriotas.
—El que impulsó la Ley de matrimonio igualitario y mantiene una política
antidiscriminatoria como jamás tuvimos.
—El que viene gestionando un crecimiento económico de los más altos del mundo,
con recuperación industrial evidente, estabilidad de casi una década y
disminución del desempleo. Y va por más, porque se acerca la nueva legislación
de entidades bancarias, que terminará un día de estos con las herencias de
Martínez de Hoz y de Cavallo.
Néstor lo hizo. Junto a Cristina, que lo sigue haciendo. Con innumerables
errores, desde ya. Con metidas de pata, corruptelas y turbiedades varias y
algunas muy irritantes, funcionarios impresentables, cierta belicosidad inútil y
lo que se quiera reprocharles, todo eso que a muchos como yo nos dificulta
declararnos kirchneristas, o nos lo impide.
Pero sólo los miserables olvidan que la corrupción en la Argentina es connatural
desde que la reinventaron los mil veces malditos dictadores y el riojano ídem.
De manera que sin justificarle ni un centavo mal habido a nadie, en esta hora
hay que recordarle a la nación toda que nadie, pero nadie, y ningún presidente
desde por lo menos Juan Perón entre el 46 y el 55, produjo tantos y tan
profundos cambios positivos en y para la vida nacional.
A ver si alguien puede decir lo contrario.
De manera que menudos méritos los de este flaco bizco, desfachatado,
contradictorio y de caminar ladeado, como el de los pingüinos.
Sí, escribo esto adolorido y con miedo, en esta jodida mañana de sol, y desolado
también, como millones de argentinos, un poco por este hombre que Estela de
Carlotto acaba de definir como "indispensable" y otro poco por nosotros, por
nuestro amado y pobrecito país.
Y redoblo mi ruego de que Cristina se cuide, y la cuidemos. Se nos viene encima
un año tremendo, con las jaurías sedientas y capaces de cualquier cosa por
recuperar el miserable poder que tuvieron y perdieron gracias a quienes ellos
llamaron despreciativamente "Los K" y nosotros, los argentinos de a pie, los
ciudadanos y ciudadanas que no comemos masitas envenenadas por la prensa y la
tele del sistema mediático privado, probablemente y en adelante los recordaremos
como "Néstor y Cristina, los que cambiaron la Argentina".
Descanse en paz, Néstor Kirchner, con todos sus errores, defectos y miserias si
las tuvo, pero sobre todo con sus enormes aciertos. Y aguante Cristina. Que no
está sola.
Y los demás, nosotros, a apechugar. ¿O acaso hemos hecho otra cosa en nuestras
vidas y en este país?
Escribo esto en caliente, en la misma mañana de la muerte anunciada de Néstor
Kirchner, y ojalá me equivoque. Pero siento dolor y miedo, y necesito
expresarlo. Pienso que estos días van a ser feísimos, con un carnaval de
hipocresía en el Congreso, ya van a ver. Los muertos políticos van a estar ahí
con sus jetas impertérritas. Los resucitados de gobiernos anteriores. Los
lameculos profesionales que ahora se dicen "disidentes". Los frívolos y los
garcas que a diario dibujan Rudi y Dany. Todos ellos y ellas. Caras de plástico,
de hierro fundido, de caca endurecida. Aplaudidos secretamente por los que ya
están emitiendo mailes de alegría feroz.

martes, 12 de octubre de 2010

Interpretación de la crisis Argentina. Historia argentina*

- Líneas contrapuestas en la evolución de las entidades empresarias.
Pablo Galetti**
En la Argentina, como en muchos otros países de América latina y el Caribe, tanto en los discursos oficiales como en la literatura económico-social se destaca el papel preponderante de las PYMES en la generación de valor agregado y empleo. Sin embargo esa gravitación no se corresponde, desde los ámbitos gubernamentales, con medidas efectivas de apoyo y desde la acción de los pequeños y medianos empresarios, con la concreción de un polo que contrarreste eficazmente la preponderancia de actores sociales ligados tradicionalmente con los proyectos hegemónicos antipopulares


Históricamente se manifestaron dos grandes líneas contrapuestas en los nucleamientos empresarios cuyo límite ha sido tajante: lo nacional y lo antinacional, aunque en estos tiempos de interpretación globalizante la antinomia suene anticuada. El empresariado nacional, en cuya expresión las PYMES fueron incorporándose con peso propio, pudo afianzarse y avanzar cuando supo encontrar los canales de comunicación con las grandes vertientes sociales afines.


En esta reseña se traza un panorama de la evolución histórica de las entidades empresarias desde las luchas por la independencia hasta principios de la década de los años '80 en el siglo XX.


Históricamente las entidades empresarias se han nucleado integrando campos contrapuestos. Decimos esto valorando los hechos que van más allá de las circunstanciales contingencias electorales y las polarizaciones a que éstas condujeron. La línea divisoria ha sido tajante.


De un lado las entidades que defienden los intereses de las minorías del privilegio, de las oligarquías y del capital extranjero, con la "patria financiera" como eje, como la Sociedad Rural Argentina; la Cámara de Comercio; la Bolsa de Comercio y gran parte de la cúpula de la Unión Industrial Argentina que integraron el llamado Grupo de los Ocho. A éste se suma el llamado Consejo Empresario Argentino que agrupa a los más poderosos conglomerados.


Del otro, la defensa de la producción nacional y del mercado interno aglutinó, junto al pueblo, la voluntad del 90 % del empresariado argentino, entendiendo como tal a las pequeñas y medianas empresas, urbanas y rurales, e incluso a grandes empresarios de capital nacional que si bien no han canalizado sus propuestas conformando una entidad única que las contenga, han coincidido en sus expresiones a través de cámaras industriales, asociaciones y centros comerciales y de servicios, organizaciones agrarias, federaciones, coordinadoras, centenares de entidades nucleadas en las distintas ramas del campo y de la ciudad, del movimiento cooperativo.


En este trabajo trataremos de señalar cómo el empresariado nacional pudo afianzarse y avanzar cuando supo encontrar los canales de comunicación con las grandes vertientes nacionales, los partidos políticos populares, los profesionales, los estudiantes, la intelectualidad argentina, los amplios sectores de las "capas medias" y las organizaciones de trabajadores.


Si echamos una mirada retrospectiva, estas dos líneas se manifiestan desde los inicios de nuestra historia como nación. Se expresan en las teorías y conductas económicas y se reflejan en las distintas entidades empresariales que se irán conformando, particularmente después de la organización nacional.


Las primeras organizaciones empresarias


Mayo comienza con el accionar de los patriotas que luchaban contra el monopolio español. El conjunto de fuerzas fue integrado por hacendados, comerciantes no monopolistas, la pequeña burguesía y la intelectualidad. Estos se amalgamaron con los regimientos de patricios, y tuvieron, a la vez, el respaldo de la masa de criollos, mestizos, negros e indígenas.


Conquistada la independencia política se abre para el país el mercado mundial, las fuerzas económicas divergen, ubicándose de un lado las tendencias progresistas y democráticas acordes con el pensamiento de la burguesía en ascenso en el orden mundial, y del otro, las de carácter regresivo, elitista, ligada con la colonia. En el mismo sentido el ingreso de mercancías por el puerto de Buenos Aires generará cambios progresistas y, a la vez, contradicciones entre proteccionistas y librecambistas. Esta última tendencia, desgraciadamente, va a prevalecer con el dominio del grupo saladeril-ganadero y de los comerciantes importadores adueñados del puerto y de la aduana de Buenos Aires.


Existía una pequeña burguesía y se desarrollaba una burguesía nacional, pero se presentaban dos limitaciones para el desarrollo de una burguesía industrial -que comenzará a tomar forma recién hacia la década de los '70 del siglo XIX.- Una, interna, por el límite del latifundio que impidió el asentamiento de millares de colonos y con ello limitó el mercado interno; y otra externa, porque las metrópolis capitalistas iban dejando atrás su etapa de libre competencia para entrar en la monopolista.


Antes de la organización nacional se conforman entidades que representan a los comerciantes y a los ganaderos. Algunas de ellas expresarán los intereses de las clases dominantes y del grupo saladeril ganadero que con Rosas extendió el latifundio y afianzó el comercio con los ingleses. La primera fue la de los comerciantes ingleses y se llamó "Sala de comercio", en la década de los '20 se establecerá la Bolsa Mercantil, y en los '40 aparecerán la Bolsa de Comercio, la Sociedad Particular de Corredores (Camoati), La Sala de Plaza Once de Septiembre y la Bolsa de Cereales.

Después de Caseros

También existieron instituciones que expresaron tendencias progresistas, pero será con posterioridad a la organización nacional cuando se pondrán de manifiesto con mayor nitidez. En 1866 se funda la Sociedad Rural Argentina; en ella jugó un papel prominente Eduardo Olivera, que desde la revista Anales, sostuvo la necesidad de desarrollar una industria rural, expandir la agricultura y colonizar la tierra mediante el asentamiento de los campesinos como propietarios. Para ello propiciaba rebajas del precio de la tierra y una serie de facilidades para los colonos con vistas a tecnificar la producción y limitar el latifundio.


Con el tiempo, la aristocrática elite oligárquica de la provincia de Buenos Aires comenzó a predominar en la Sociedad Rural Argentina. Ya en el año 1877, los terratenientes más reaccionarios manifestaban actitudes antiindustrialistas y en aras del "liberalismo" económico condenaban al país a su condición de productor de materia prima (pastoril-ganadero) e importador de manufacturas, particularmente inglesas. A fines de siglo, con la presidencia del Gral Roca, se consolida en la SRA el predominio de esta elite que, posteriormente, acompañando el golpe de estado de 1930 -el que cerró las puertas del "progreso social"- llegó a ocupar posiciones clave.


La vertiente que en los inicios de la Sociedad Rural representaba Eduardo Olivera era la expresión de las corrientes progresistas de la burguesía naciente, agraria y urbana, que se revelaba en el proyecto de colonización agraria de Sarmiento en Chivilcoy, que aún hoy espera su efectivización. Este hilo de pensamiento convocó a las entidades representativas de pequeños y medianos productores que se fueron conformando y tuvo su máxima expresión en el "Grito de Alcorta" que en 1912 dio nacimiento a la Federación Agraria Argentina.


La conformación de la burguesía industrial


En el plano internacional la crisis de 1866 y, particularmente, la de 1873 en Europa y Estados Unidos, alcanzaron al país y generaron una serie de trastornos en la economía que obligó a determinados sectores a emprender el desarrollo industrial.


La industria de la urbe y el campo reconoce su origen en la acción de los inmigrantes, en su mayoría de origen humilde que comenzaron como asalariados o artesanos. Entre 1880 y 1990 se fundan modernos establecimientos elaboradores de carne, cerveza, cigarrillos, jabón, velas, cal, yeso, mosaicos, etc. Se trata como vemos, de la industria liviana limitada por el predominio que ejerce la oligarquía ganadera vinculada con el capital británico.


Es la época en que llegan al país 850.000 personas. Se amplía la masa de artesanos y pequeños talleristas.
También se acrecienta el número de comercios y servicios. En la periferia de las ciudades se forma una capa de quinteros, productores agrícolas. Unos y otros irán conformando la amplia capa de pequeña burguesía, urbana y rural. Con la ampliación de la burguesía industrial se acrecienta el número de obreros. En este período aparecen las primeras exteriorizaciones obreras por mejores condiciones de trabajo.



Este proceso conducirá al nacimiento del Club Industrial que fue presidido por Fernando Schelleinger. En la reunión constitutiva del 29 de agosto de 1875 el presidente manifestará "la necesidad de aunar esfuerzos, objetivos y luchar para incidir sobre los poderes públicos" ya que "era imposible el adelanto del país con los industriales aislados. Las concepciones económicas nacionales para abrirse paso deben ir acompañadas por la acción gremial y social."


Al recibir el torrente inmigratorio el país asiste a grandes cambios económicos, sociales y políticos, la revista El Industrial, que editaba el Club Industrial, reflejaba las ideas, debates y luchas que denotaban el nacimiento tumultoso del país. En octubre de 1881 definirá "que el librecambismo fue organizado por Inglaterra para explotar el mundo en su provecho". También recogía las expresiones de Aristóbulo del Valle: "la industrialización era el camino del progreso como nación". El "proteccionismo" era el camino concreto para proteger el mercado interno y garantizar la acumulación de capital necesario para el desarrollo manufacturero.


Las confrontaciones entre proteccionistas y librecambistas también se hicieron presenten en el debate que se suscitó en 1876 en torno de la ley de Aduanas. Mientras Vicente Fidel López y Carlos Pellegrini1, abanderados del proteccionismo, explicaban en el parlamento que si el país continuaba enviando las materias primas sin límite al extranjero, para que allí los manufactureros fijen el precio de los productos, la independencia no sería posible; el ministro Norberto de la Riestra, un antecesor de los "fundamentalistas del mercado" de hoy, defendía la apertura de la aduana a las manufacturas extranjeras.


La heterogeneidad de sectores participantes del Club Industrial hizo que más tarde aparecieran desavenencias. Aparentemente por una gravitación de empresarios del interior, el 6 de diciembre de 1878 se formó otra entidad, el "Centro Industrial Argentino". Ambas se reunirán años más tarde (1887) en la Unión Industrial Argentina.
Las dos entidades empresarias, gravitaron en los debates parlamentarios, en particular sobre la ley de Aduanas. Participan de la Exposición Universal de París. En 1887 se concreta la 1ª Exposición Industrial Argentina, que tenía entre otros precedentes, la Exposición Sudamericana organizada en Buenos Aires por el Club Industrial. En otro orden de propuestas, El industrial solicita la creación de un Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas.



El período de Juárez Celman (1886-1890) se caracterizó por el aumento de los empréstitos y la consiguiente mayor dependencia de Gran Bretaña. Los créditos acordados a favor de los latifundistas y los especuladores con bienes raíces adquirieron ribetes de escándalo. Como es sabido la Unión Cívica condujo la acción que se coronó con la Revolución del 90 que, aunque derrotada, produjo la caída de Juárez Celman. Estos episodios señalan ante todo la presencia de las nuevas fuerzas sociales y la necesidad de las transformaciones democráticas de la sociedad argentina. Los jóvenes que integraban la Unión Cívica de la Juventud eran hijos de comerciantes, industriales, sectores de la pequeña burguesía de la ciudad e, incluso, hijos de algunos sectores de terratenientes ganaderos. No faltó la presencia de los sectores populares y de los obreros, que en ese año conmemoraron por primera vez el 1º de mayo.


Digno es de destacar el meeting industrial realizado el 26 de julio de 1899 en Plaza Lorea. La Nación comenta los hechos diciendo: "Todas las ramas de la industria, desde las más encumbradas a las humildes, se encontraban por primera vez, quizá, unidas y representadas". La Prensa dirá que: "el empresario necesita ganar y prosperar y el obrero necesita un salario suficiente para costear su existencia y la de su familia".
Cabe señalar que si bien defiende posiciones que hacen al desarrollo de la riqueza nacional, las ideas dominantes en la Unión Industrial y en toda la clase dirigente en relación con los problemas sociales y los derechos del trabajador, son muy limitadas. En este plano insiste en las jornadas de 10 y 12 horas, oponiéndose al pedido de 8 horas diarias, al descanso dominical y a la prohibición del trabajo de los niños y mujeres en horas nocturnas. Más adelante se opondrá al Código de Trabajo inspirado por Joaquín V González, pues considera extrema la intervención del estado.



A fines de siglo XIX el país crece rápidamente, se continúan ampliando las capas de la burguesía nacional. También se desarrolla la clase obrera. Entran en escena los hijos de los inmigrantes. Todos estos cambios sociales se expresarán también con la formación de los partidos políticos. La UCR aparece en 1891. En 1892 aparece la Agrupación Socialista que dará conformación definitiva en 1896 al Partido Socialista. Es interesante señalar que en ese entonces el periódico El Obrero de tendencia marxista, señalaba como "un avance la formación de la UCR, como expresión de la pequeña burguesía nacional surgida en oposición a los viejos gobiernos oligárquicos y caudillistas".


También entre los industriales se irá produciendo una diferenciación. Los más enriquecidos se comienzan a aliar económicamente con el sector latifundista, se vincularán, por ejemplo con los Casares, terratenientes dedicados a los productos lácteos, los Tornquist, banqueros, azucareros y terratenientes, agentes del capital inglés.
La masa que se había expresado en el 90 volverá a hacerlo en 1893 y 1905, antecedentes todos que conducirán a la ley Sáenz Peña que dará el triunfo electoral a Hipólito Yrigoyen. Fue la actitud del conservadorismo lúcido que se inclina por ciertas reformas para evitar males mayores. Roque Sáenz Peña si bien era partidario del capital extranjero, se pronunciaba contra los trusts y los monopolios.



El colono agrícola trabajaba en condiciones muy penosas. En 1892 se realiza el primer Congreso Agrícola, que brega por el reparto de la tierra. Una sucesión de luchas posteriores en todo país conducirá al gran movimiento campesino formado por pequeños agricultores (arrendatarios, aparceros y medieros) que se conocerá como Grito de Alcorta. Estalla, como dijimos antes, el 25 de junio de 1912 y conducirá a la formación de la Federación Agraria Argentina. El Grito de Alcorta contó también con el respaldo de pequeños comerciantes, artesanos, talleristas, además de profesionales, sacerdotes y los obreros urbanos y rurales.


La Federación Agraria nucleará a los pequeños chacareros, arrendatarios que claman después por la reforma agraria. Es lo opuesto a la Sociedad Rural Argentina


La primera guerra mundial y los cambios económicos, sociales y políticos


Durante la primera guerra mundial, en un período que se extendió aproximadamente entre 1914 y 1920, se acrecienta el número de talleres e industrias por la obligada "sustitución de importaciones". También se amplía el área sembrada con cultivos tradicionales. Tanto en el campo como en la ciudad se diversifica la producción. Penetra el capital extranjero de diversos orígenes. Este complejo proceso genera antagonismos de clases y sectores.


Las reformas democráticas y las medidas sociales encaradas por Yrigoyen tuvieron su sustento sobre estos distintos estratos de las llamadas capas medias y algunos sectores terratenientes liberales que adquirieron un notable desarrollo. Estas reformas no alcanzaron a destruir el poder económico y político de la oligarquía terrateniente; no obstante ello, el nuevo escenario social junto con la Reforma Universitaria de 1918 -apoyada solidariamente por los obreros- y acontecimientos como la guerra mundial y la Revolución Rusa, repercutieron en el campo de las ideas económicas, sociales y políticas. También ocurrieron episodios como "la Semana Trágica" y la represión de los peones de la Patagonia, estimulados por "la reacción" y "las minorías elitistas".
Para "apaciguar" las relaciones entre el capital y el trabajo se creó, en 1919, la Asociación del Trabajo, integrada por las entidades que representaban los intereses de la oligarquía latifundista vinculada con el capital extranjero, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Sociedad Rural Argentina, el Centro de Exportadores de Cereales, la Cia. Italo Argentina de Electricidad, las compañías británicas de los ferrocarriles argentinos, entre otras.


La compenetración de industriales y estancieros

El golpe de estado que en 1930 sacude el país, en el marco de la significativa crisis mundial, ubica a la oligarquía vinculada con las grandes empresas y los bancos privados extranjeros en una posición dominante.
Con la industria nacional debilitada y dispersa, la UIA, que es presidida desde 1925 hasta 1946 por Luis Colombo, era una entidad cuyos componentes pensaban más en su presente que en el futuro del país. No tenían una concepción propia del futuro, imperaba la confusión y su tendencia era conciliar con la clase dominante.
Surgen contradicciones; por ejemplo, en 1933 Roca viaja a Gran Bretaña para firmar el "tratado de carnes" y ante el peligro de una liberización de las importaciones que pondría en riesgo a las empresas la UIA realiza un acto en el Luna Park, al que se suman empleados y obreros, donde se respalda el pacto Roca-Ruciman, en materia de carnes e intercambio y, al mismo tiempo, se reclaman medidas proteccionistas, semejantes a las enumeradas en el meeting de 1899 en Plaza Lorea.



José Luis de Imaz caracterizó a estos empresarios: "faltos de adhesión y sin un marco de referencia propio, a medida que los miembros de la burguesía empresarial han ido ascendiendo en la escala social terminaron absorbidos por las viejas clases altas." "Sin siquiera discutirlo, hicieron suyo el marco valorativo de los sectores tradicionalmente rurales. Estos industriales, cuando poseyeron suficiente capital, compraron estancias. Posteriormente, en lugar de defender sus intereses, buscaron identificarse con los criterios, los puntos de vista y los argumentos del sector rural."


Esta compenetración de élite oligárquica aliada con el monopolio británico, el capital financiero y los grandes industriales se acentuará con los años.

La segunda guerra y el crecimiento de las Pymes

La crisis mundial primero y luego la segunda guerra mundial determinaron un rápido crecimiento del sector de las pequeñas y medianas empresas industriales y comerciales.
Cerrada la inmigración, se produce un desplazamiento del obrero rural y del campesino pobre hacia las ciudades. Entre 1942 y 1946 se acelera el incremento de la industria liviana.



Este crecimiento de las pequeñas y medianas empresas no tiene una real cabida en las organizaciones tradicionales del empresariado. De todos modos, se extienden los centros, cámaras y entidades básicas que defienden intereses gremiales concretos. Se desarrollan también en el campo los movimientos por mejores precios y créditos, y contra los altos arriendos. Se amplían las entidades cooperativas.


Las autoridades del gobierno, que accedieron al poder con el golpe de estado del 4 de junio de 1943, si bien en un principio habían apostado al imperialismo alemán, una vez que el nazismo fue derrotado se adaptaron a las nuevas condiciones de la posguerra y cambiaron el rumbo. Posteriormente con el triunfo electoral de Juan Domingo Perón con el 54% de los votos, se planterá una nueva opción en la política nacional. Con el tiempo se profundizará una falsa división en clase media - clase obrera, división que seguirá gravitando.
Los dirigentes de la Sociedad Rural Argentina continuaban con su mentalidad retrógrada y aún en 1944 se oponían al estatuto del peón. En los primeros tiempos del gobierno de Perón, adoptarán un aparente tono de "colaboración".



En épocas de guerra mundial, que coyunturalmente gravitaban a favor del pleno empleo, Luis Colombo, al frente de la UIA, toma posiciones más oportunistas frente a los golpistas del 4 de junio y en enero de 1944 ante el Departamento de Trabajo dirá: "Nos hemos apresurado a ofrecer nuestro concurso leal y sin reservas" para un código orgánico de trabajo. En la dirección de la UIA aparecen los nombre de Rolando Lagomarsino, Miguel Miranda, Torcuato Di Tella, Miguel Campomar, etc.


Perón contestará en otra oportunidad que "quería sentar las bases de una relación solidaria entre el capital y el trabajo, que no serán transitorias sino permanentes, que asegurarían una armonía social de largo plazo."
En la relación con el gobierno, en la UIA se formarán una corriente "colaboracionista" y otra "anticolaboracionista". En la primera se alineó Miguel Miranda, quien después del 24 de febrero de 1946 será el "zar económico" del primer gobierno de Perón. Representaba los intereses de "los nuevos ricos", de la gran burguesía industrial, ligada con el sector comercial y financiero. Por las contingencias políticas, la UIA, será posteriormente intervenida. Estos sectores se entrelazaron con los terratenientes e invirtieron en campos. No tenían interés en realizar los cambios estructurales, en especial la reforma agraria que reclamaban los pequeños y medianos productores y los trabajadores del campo.


La organización del empresariado nacional

El crecimiento y expansión de las PyME y la falta de representatividad de las entidades tradicionales, especialmente en el interior del país, crearon las condiciones para que se realizara en 1948 el Primer Congreso Económico del Norte Argentino, convocado por la Cámara de Comercio e Industria de Tucumán y la Bolsa de Comercio e Industria de Salta. Participaron además entidades de Santiago del Estero, Catamarca, Chaco y Formosa.


Posteriormente, el 26 de mayo de 1950, en la ciudad de Catamarca, un conjunto de entidades representativas de los industriales, productores, comerciantes de la pequeña y mediana empresa de la región noroeste del país, realizan el Segundo Congreso Económico del Norte y sientan las bases de lo que sería la Confederación General Económica -CGE-.


En el acta fundacional, denominada Acta de Catamarca "Los asistentes dejan establecido que las razones que informan la creación de esta entidad tienen su fundamento en la inexistencia de un organismo de carácter nacional auténtico, la necesidad de formarlo para defender los intereses de la Producción, la Industria y el Comercio y colaborar con mayor eficacia en las soluciones de carácter nacional en beneficio del país."
Al rubricar el documento, José Ber Gelbard, quien sería su primer presidente, expresó: "Bregamos por una racional organización de la distribución comercial, tomándose por base las zonas económicas del país y no las geográficas, que no responden a las verdaderas necesidades, y asegurar en tal forma el adecuado abastecimiento del país, lo que se traducirá en una elevación del nivel de vida de la población."



A través de una serie de agrupamientos se va configurando una organización que ensaya un nuevo estilo, de abajo hacia arriba, con un sentido más democrático, donde no predomina el voto calificado y selectivo a favor de las grandes empresas. En tal sentido Gelbard manifestaba: "La presencia de la CGE en todas las regiones del país es una prueba irrefutable de la pasión de bien público que anima a los empresarios argentinos, deseosos de reactivar las economías locales, para promover así, en forma conjunta y armónica, el progreso general de la Nación"


La CGE postulaba la "función social de la empresa" y reflejaba el interés directo del empresariado nacional que depende, ante todo, del desarrollo del mercado interno. En tal sentido, su presidente sostenía que "Estamos promoviendo una renovación general entre los empresarios. Partimos de la concepción de que la productividad no es método científico aplicado a la explotación del prójimo, sino el concepto científico aplicado a las mejores relaciones humanas, al mejor y mayor rendimiento de la producción, cuidando el menor desgaste físico y mental del hombre. Así, racionalizando maquinarias y tareas, se posibilita la obtención de buenos salarios y sueldos, y de una utilidad equitativa para el esfuerzo creador de cada empresario en su responsabilidad de dirección y planeamiento."

CGE versus ACIEL

En la década de los '50, al no armonizar el crecimiento industrial con el desarrollo del campo, el modelo económico y social que se intentaba imponer hace agua. Los años de bonanza habían pasado y el gobierno acosado internacionalmente por factores políticos, militares, etc. cede ante los sectores más reaccionarios, abre las puertas a la California, filial de la Standard Oil, y esto es utilizado a su vez como elemento de desprestigio por los autores del golpe del 55.


El gobierno de la autodenominada Revolución Libertadora proclama el principio de la "libre empresa". Adhiere al FMI y descarga la crisis sobre los trabajadores y los pequeños y medianos empresarios industriales, comerciantes y productores.


La CGE fue intervenida durante el período del Gral. Lonardi y luego, el 30 de diciembre de 1955 (Aramburu-Rojas), se decreta su disolución y se inhabilita a sus dirigentes.


La Bolsa de Comercio, la Sociedad Rural Argentina y la UIA amplían sus relaciones, que coronarán en 1958, cuando se restituye el orden constitucional, con la formación de Acción Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres (ACIEL), que declara: "Nos hemos dado una organización que nos diferencia total y definitivamente de la CGE". En cuanto al desarrollo de la economía del país sostiene que "si se desea que la economía argentina progrese es indispensable desistir de todo propósito de planificación económica y empresaria o de socialización."


Dardo Cúneo sintetiza de este modo la filosofía de ambas entidades: "ACIEL es el viejo país deformado en su mapa económico por la persistente preeminencia de los intereses del Buenos Aires portuario y en su mapa social por la preeminencia obstinada de los sectores de exportación e importación en constante alianza con el interés extranjero en sus versiones de monopolio. Su enfrentamiento es, pues, con la CGE, en cuanto ésta es en el campo empresario proposición de unidad argentina, de desarrollo del conjunto del país..."
Los dirigentes de la CGE, a pesar de la disolución y de su inhabilitación en 1956, realizan una sucesión de reuniones en todo el país, donde señalan la necesidad de romper la dependencia, armonizar la producción industrial con la agraria y la imprescindible mejora salarial como factor dinamizante de la economía. También solicitan medidas que se traduzcan en apoyo del estado a las PYMES. De todos los encuetros, se destaca el realizado en Tucumán en 1957, donde se traza un programa que contiene las "Bases para el reordenamiento de la Economía Nacional".



El presidente constitucional Frondizi restituye la personería a la CGE en junio de 1958. Como es sabido, el gobierno abre las puertas a los capitales externos en los hidrocarburos y en la industria automotriz y nombra a Alvaro Alsogaray ministro de Economía.


ACIEL, que apuntaló los sucesivos planteos militares con el lema "libertad de empresa", se opondrá (en 1963-64) a la implementación de un Consejo Económico Social, porque implica el peligro de "restablecer un sistema de economía dirigida y exagerado intervencionismo estatal". Entiende que esto es inyectar "técnicas de colectivismo". En nombre de la "modernización" y la implementación de la teoría de la Seguridad Nacional, durante todo el proceso que culminará en 1973 con la elección del gobierno constitucional propicia posiciones neoliberales que acentúan la concentración, la penetración del capital extranjero y la enajenación de empresas nacionales.


En la UIA, se aprecia una creciente participación de ejecutivos y funcionarios de empresas de capital extranjero.


Mientras la oligarquía piloteaba la implementación de este neocolonialismo, el movimiento confederal liderado por la CGE, en múltiples ocasiones, buscó el pronunciamiento conjunto de las fuerzas sociales y económicas.
Durante 1970, la CGE realiza el Congreso Nacional de Economía, que se complementa con diez reuniones regionales en todo el país, donde se traza, aparte del examen autocrítico, un plan alternativo para el período 1970/1980 y se detallan las estrategias para su cumplimiento.



En diciembre de 1972, la CGE firma una declaración conjunta con la CGT ante la crisis profunda, acentuada en los últimos años, que "ha agudizado la dependencia externa que estrangula el desarrollo nacional y autónomo e integral y ha agravado la injusta distribución del ingreso".


La CGE hace conocer su propuesta al país, a los partidos políticos y a las fuerzas sociales. Su actitud adquiere resonancia y la ubica en un primer plano en la vida nacional. En un proceso posterior, la Confederación de la Industria y la UIA integrarán la CINA. Su conducta posterior indicará que fue un repliegue táctico de la vieja UIA.

Programa económico de 1973

En el gobierno peronista, José Ber Gelbard es nombrado ministro de Economía. El paquete de medidas que presenta preocupa a los sectores de privilegio. Entre otros aspectos se prevé la defensa de las empresas básicas del estado y la creación de una Corporación de la Pequeña y Mediana Empresa (COPYME), con vistas a protegerlas y promover su desarrollo. También proyecta gravámenes sobre la renta normal potencial de la tierra y toma medidas para mejorar la distribución de ingresos.


La respuesta de los sectores monopolistas y de la oligarquía fue el desabastecimiento, el contrabando en gran escala, la sobre y subfacturación.


López Rega, desde el poder, y las entidades empresariales tradicionales -los acielistas- se oponen a este programa; también las entidades empresariales que orienta el "frigerismo". Las corrientes ultraístas de izquierda lo atacan por considerarlo un plan burgués. Todo esto provoca el alejamiento de Gelbard.


Más adelante "el rodrigazo" abrirá las puertas para el golpe de estado de 1976. Previo al golpe las entidades tradicionales reunidas en ACIEL junto con las entidades que orienta el "frigerismo" dan forma a la APEGE. Todas ellas preparan el paro empresario nacional del 16 de febrero de 1976. La CGE se opone.


Con anterioridad, en 1967, se había formado el Consejo Empresario Argentino con la participación de unas 50 grandes empresas. Su presidente entre 1973 y 1975 fue Martínez de Hoz. En su seno se elaboró el plan económico del golpe de marzo de 1976.

El proceso y la disolución de la CGE

Producido el golpe de 1976, es nombrado Martínez de Hoz ministro de Economía. Intervienen la CGE y decretan su disolución.


Si bien las direcciones nominales dejaron de existir, las organizaciones de base, cámaras y centros comerciales, industriales y de la producción continuaron su labor. Una parte de los empresarios fue confundida y otra ganada en parte por la prédica del "eficientismo" y de la "libertad de mercado". El espejismo de la "Argentina agroindustrial" con más de 50 millones de toneladas de cereales, ganó a los sectores del campo y la alimentación.


La modificación de la "ley de Entidades Financieras", en 1977, no fue apreciada en su momento en su real significación, en el sentido de que inauguraba el reinado de la "patria financiera" y la especulación.
El cooperativismo de crédito, ante los intentos de liquidación, ensaya una de las primeras resistencias pasivas, obteniendo con éxito el respaldo de decenas de miles de pequeños y medianos empresarios nacionales, personalidades y entidades. Jugó un papel decisivo el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
Desde diversas cámaras se alzaron voces, en Santa Fe se planteaba la defensa del salario; en Córdoba se denunciaba que el plan buscaba "concentración" y "extranjerización" de las empresas; Humberto Volando, presidente de la Federación Agraria Argentina sostenía que el plan servía a los terratenientes de la pampa húmeda, pero no al pequeño y mediano productor ni a las economías regionales.
En 1978 algunos exdirigentes de la CGE forman el Foro de la Empresa Nacional; se crea una cátedra para promover la capacitación del empresariado nacional.



A mediados de los ochenta, el agro con la FAA como eje organiza una gran concentración con miles de productores.


Las entidades que responden a la orientación "frigerista" adoptan posiciones críticas al plan. Va creciendo la conformación de una serie de sectoriales y zonales en defensa del comercio, la industria y la producción primaria. Se generaliza la crítica contra la "apertura económica" y la política "monetarista" de la escuela de Chicago. Este proceso conduce a la conformación de la Convocatoria Nacional Empresaria -CONAE-, que realiza su primer gran acto el 18 de octubre en Rosario. Es la primera exteriorización de carácter nacional.


La CONAE agrupaba a sectores "liberales", "desarrollistas" y empresarios nacionales agrupados en el Foro de la Empresa Nacional. También contó con la solidaridad de sectores obreros, estudiantiles, cooperativistas, profesionales y políticos. En una declaración de diciembre de 1980 expresa: "Ningún país ha progresado reduciendo su capacidad productiva y comprimiendo su mercado interno".

La profunda crisis

Ante la quiebra del plan económico que sume al país en la crisis más profunda y la embestida de todos los sectores por su derogación y por la democracia y la vigencia de los derechos humanos, comienzan a aparecer en el seno de esas entidades también divergencias y diferenciaciones.


Un sector de la UIA, el MIA (liberales) enfrenta a la corriente integrada por industriales "independientes" y "desarrollistas", el MIN. Estos últimos impulsan un Congreso de la Pequeña y Mediana Industria (PYMI).
El Foro de la Empresa Nacional (FENAC) continuó su plan de vínculos con las fuerzas que integraban la Multipartidaria y con los economistas afines con sus posiciones. Estos vínculos muestran la interrelación de los sectores del empresariado nacional con las entidades sociales y políticas con base popular, los sectores medios y los obreros.



Es de destacar, también, el trabajo de concientización desempeñado en ese período por el Consejo Argentino de la Pequeña y Mediana Empresa (CAPYME).
También el Movimiento Cooperativo ha jugado un papel de primer orden en la defensa de la pequeña y mediana empresa.



Cabe señalar como un hecho significativo la constitución en noviembre de 1983 de un Frente Agrario Nacional y la posterior conformación de la llamada Mesa del Empresariado Nacional, que bajo la conducción de Humberto Volando integraban la FAA, la Confederación del Comercio y Servicios, el Consejo Argentino de la Industria (CAI), la Asociación de Importadores y Exportadores y el Foro de la Empresa Nacional.

El arte del consenso

Cualesquiera sean los programas que se tracen, la experiencia histórica que hemos tratado de señalar en este trabajo*, demuestra que para consolidar la democracia y afianzar la independencia, el empresariado nacional y los sectores medios deben encontrar los caminos de comunicación con los trabajadores. El "arte" de las minorías y de las elites ha sido siempre enfrentar a unos con otros. En los momentos históricos en que actuaron en una misma dirección pudieron desplazar del escenario político a los portavoces de la reacción, tanto civiles como militares.

Notas
* Este artículo es una síntesis elaborada por Javier Alonso de anteriores trabajos del autor.
** Director de la revista de APyME (Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios).
1 Carlos Pellegrini manifestaba: "tenemos el deber de procurar por todos los medios posibles hacer que en el porvenir no seamos solamente una nación de pastores, que seamos una nación de obreros".
* En uno de los próximos números de RE se abordarán las experiencias de organización y acción empresarias de las dos últimas décadas.
http://www.iade.org.ar










Por qué se habrá logrado ecualizar "el Campo" en un solo ente, cuando toda la vida la Federación Agraria fue la antítesis de la Sociedad Rural. O los Pequeños y Medianos Productores, la antítesis del Gran Productor. Accidente o Planificación?