domingo, 3 de octubre de 2010

HONRAR LA VIDA


Dos historias, una tomada de "Agencia El Vigia", la otra la lei hace muchos años en "El Expreso Imaginario", y la copie de la paginaCiudad Seva . Las dos se refieren, en mi opinion, a lo importante, discriminandolo de la coyuntura y de los intereses individuales. Disculpen la longitud. A ambos muchas gracias.



UNA: El recuerdo de la vida ejemplar del doctor Maradona se funde con el homenaje a todos los médicos rurales argentinos, cuyas historias anónimas nos esconden sus nombres y sus desvelos: el 4 de julio, día de su nacimiento ha sido declarado por ley Día Nacional del Médico Rural.
Autora: Matilde Sellanes

La historia…
Parecía una parada más. Pero la modorra del convoy se sacudió por los gritos y las manos que se levantaban con más angustia que aires de bienvenida, y clamando sin mucha esperanza por un milagro en aquel paraje olvidado…un médico. Un hombre delgado, de apenas 1, 53 m, se alisó los cabellos oscuros y lacios y con voz amable y firme bajó de inmediato a ofrecerse como tal. Tiempo después, el mismo recordaría su encuentro con su Formosa de monte e indios donde pasaría los siguientes 50 años de su vida con estas palabras y esta sencillez: “Había que tomar una decisión y la tomé. El tren que me llevaba a Tucumán, donde vivía mi hermano, estaba a punto de arrancar Yo estaba en el andén del Paraje Guaycurri (que con los años sería Estanislao del Campo) cuando vi muchas manos que se alzaban suplicantes y voces ininteligibles que me llamaban en idiomas diferentes. Entonces me subí a un sulky tirado por una mujer cincuentona muy preocupada y me dejé internar en la maleza. Poco después, como dijeron por allá, le había “salvado” la vida a una indiecita que después se me presentó como Mercedes Almirón y que hoy vive en Tucumán rodeada de sus nietos y sus bisnietos. Un parto distócico había estado a punto de terminar con ella y con el bebé. Fue entonces cuando decidí perder mi pasaje en el tren, que aún me aguardaba, y no volver nunca a las comodidades de mi consultorio en Buenos Aires. La bienvenida me la dieron indios, criollos y algún que otro inmigrante, todos enfermos, barbudos, harapientos. Yo mismo me di la bienvenida a ese mundo nuevo, aún a riesgo de mi salud y mi vida.”



Sin otro adorno que su simple sencillez narró siempre aquel instante que no sólo cambió su vida sino que mejoró para siempre la de miles de habitantes de las selvas de Formosa y Chaco, y que alcanzó a indios tobas, matacos, mocovíes y pilagás, a criollos y a inmigrant es. No fue poco: logró erradicar de ese olvidado rincón del país los flagelos de la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera, el paludismo y hasta la sífilis, que él entendía como el mal aportado por la civilización, a la que por eso llamaba “sifilización”. Para lograr sus objetivos, juntó lo que podía y como podía de la ciencia médica traída de la Universidad de Buenos Aires, sus propios y extensos estudios como naturalista, su ingenio y su creatividad y trabajó con métodos y remedios caseros, escribiendo su propia versión del sanitarismo cuando enseñó a sus queridos indios a fabricar ladrillos, a edificar sus casas y a cuidar de su salud.


Inevitablemente alguien lo llamó un día cuando su historia trascendió el monte “el Albert Schweitzer de los tobas y matacos”, y su comentario al respecto ayuda a conocerlo sin necesidad de comparaciones ociosas: “Nunca pude entender quién inventó esas macanas de que yo era como Ghandi o de que era el Albert Schweitzer d e la Argentina —comentaba—, eso no me causa gracia porque yo odio el exhibicionismo en cualquiera de sus manifestaciones. Yo soy sólo un médico de monte, que es menos aún que un médico de barrio”. “Schweitzer sí era un hombre ilustre, él sabía música; era un eximio organista, más allá de su gigantesca obra en África. Y cómo pueden compararme con Ghandi, justamente con él, que con la no violencia salvó a todo el pueblo. Y a mí, sólo por haber cumplido con mi deber, me quieren hacer fama, justamente a mí, que siempre me creí el más inútil de los 14 hermanos. Cómo voy a ser un hombre ilustre si de chico fui retraído, taciturno; fui mal alumno, desordenado, rebelde, solitario y de carácter fuerte. Era medio desobediente y a veces prefería quedarme pintando abajo de un ombú antes que leer libros”. [3]


A los 90 años, cuando los dolores de un cuerpo ya entumecido le hicieron partir a su pesar, se despidió sencillamente de “su gente” y se tomó un ómnibus para Santa Fe. Las c rónicas nos dicen que las autoridades lo detectaron y le consiguieron una ambulancia para que completara el viaje. Llegó tan mal que fue necesario internarlo por un mes, y pidió expresamente a su familia que siempre fuera en un hospital público. Casi 9 años después, pisando el siglo de vida, con la lucidez que lo acompañó siempre resumió su vida en un párrafo cuya sencillez y grandeza estremecen: “Así viví muy sobriamente cincuenta y tres años en la selva, hasta que el cuerpo me dijo basta. Un día me sentí morir y me empecé a despedir de los indios, con una mezcla de orgullo y felicidad, porque ya se vestían, se ponían zapatos, eran instruidos. Creo que no hice ninguna otra cosa más que cumplir con mi deber”. Dos lecciones y a cual más grande: una vida de entrega y trabajo y una humildad igualmente épica.

Biografia: Maradona nació en Esperanza (Santa Fe) el 4 de julio de 1895, uno de los 14 hijos de Waldino Maradona y Petrona de la Encarnación Villalba, una familia enraizada ya en estas tierras. Descendía, por parte de su padre, de una familia gallega (los Fernández Maradona) llegada desde Chile en la época colonial a poco de fundarse San Juan donde finalmente se radicaron y dieron figuras de talla histórica. Del lado materno en cambio la ascendencia era criolla (de Santiago y Buenos Aires), y su infancia transcurrió en gran parte en su estancia de Los Aromos en las barrancas santafecinas del río Coronda. Ya adolescente, la familia se trasladó a Buenos Aires, donde se recibió dos décadas después de médico (1928).


Se instaló unos meses en la Capital Federal y luego en Resistencia, Chaco. Y allí estaba en 1930, cuando la revolución de Uriburu depuso al presidente Hip ólito Yrigoyen. Si bien nunca había sido yrigoyenista sino acaso lo contrario, asumió como ciudadano defender la democracia y el gobierno constitucional pronunciando entonces fogosas conferencias en las plazas públicas, que le valieron inmediatas persecuciones. En el entusiasmo de la juventud acaso esa experiencia lo marcara, porque nunca luego llegó a practicarla seriamente y definitivamente se apartó de ella. “Pese a que llegué a ser candidato a diputado por el Partido Unitario —recordaba a propósito del tema—, la política nunca ocupó el centro de mi vida; los políticos, en su mayoría, siempre dicen una cosa y hacen otra, muchas veces desvirtúan la democracia para hacer demagogia en nombre de ella”. [4]


Perseguido por el régimen que derrocara a Yrigoyen, partió para Paraguay donde comenzaba entonces la Guerra del Chaco Boreal, con apenas una valija de ropa, un revólver 38 y su diploma de médico como todo equipaje. Ya llegado, ofreció sus servicios a un comisario de Asunción, pero pidió que no lo sometieran a ninguna bandera porque su único fin era el “humano y cristiano de restañar las heridas de los pobres soldados que caen en el campo de batalla por desinteligencias de los que gobiernan”. Tan nobles palabras le valieron la cárcel por unos días: no le creyeron y lo tomaron por un espía argentino. Poco después ya liberado, lo tomaron como camillero en el Hospital Naval, donde pronto llegó a en tres años llegó a ser director, atendiendo en esa etapa a cientos de soldados de ambos bandos. Fue para ese entonces que conoció a la que sería el único amor de su vida: Aurora Ebaly, una jovencita de 20 años descendiente de irlandeses y sobrina del presidente paraguayo. Ya comprometidos, el romance estaba llamado a ser fugaz: el 31 de diciembre de 1934 Aurora murió con el año víctima de la fiebre tifoidea. Pero fue largo el recuerdo que Maradona encendió en su memoria, pues no se casó nunca y nunca volvió a noviar.


Acaso el dolor del duel o fue uno de los motivos que lo alejaron de Paraguay no bien terminó la guerra. Tras donar los sueldos que ganó a soldados paraguayos y a la Cruz Roja, escapó, de los honores y agasajos que le realizaron. No pocos dijeron que este médico tuvo mucho que ver con el fin de la guerra, pero él mismo se encargó de minimizar las versiones: “Pese a lo que algunos dijeron, yo no fui quien directamente hizo firmar la paz entre ambos países. Solamente colaboré para que se juntaran las comisiones que habían viajado desde Europa con los delegados de Bolivia y Paraguay”.


Volvió entonces a Argentina. Había proyectado las etapas de su viaje: regresaría a su país en barco, hasta Formosa, y allí tomaría el tren que pasaba por Salta, Jujuy y Tucumán; en esta ciudad visitaría a un hermano, que era intendente; después llegaría a Buenos Aires, donde vivía su madre. Fue en ese tren donde le salió al encuentro su destino definitivo en el monte formoseño. El próximo pasaba a los tres o cuatro días, y en ese intervalo la gente del lugar y de los campos vecinos acudió a hacerse asistir, y todos le pidieron insistentemente que se quedara, ya que no había ningún médico en muchas leguas a la redonda. Y también fue entonces cuando simplemente y según sus palabras “Había que tomar una decisión y la tomé… quedarme donde me necesitaban. Y me quedé 53 años de mi vida.”


Y se estableció en Estanislao del Campo, entonces el Paraje Guaycurri, un villorrio formoseño sin agua corriente, gas, luz o teléfono. Y a poco de vivir allí, vio aparecer a los aborígenes de las cercanías, tobas y pilagás. Llegaban de cuando en cuando, como espectros en fuga, miserables, desnutridos y enfermos a los comercios y viviendas de los límites del poblado, ofreciendo canjear plumas de avestruces, arcos, flechas y otras artesanías por alguna ropa o alimento que necesitaban. El corazón de Maradona se conmovió y latió con ellos, con su dolor y su desamparo, y se transformó en un compromiso asu mido como obligación moral de hacer algo por ellos, desde entonces y durante toda su vida. E hizo muchísimo: no es fácil resumirlo, el lector habrá de llenar los espacios cotidianos que mediaron en medio siglo… Primero acercarse, ganar su confianza demasiado herida, atenderlos, curarlos, oírlos y aprender sus lenguas y costumbres hasta ser aceptado en las tribus.


Y en el monte y las tolderías se escribió el capítulo más admirable de este hombre de extraordinaria riqueza y fuerza espiritual volcada en amor a su prójimo más necesitado. Su labor no se circunscribió solamente a la asistencia sanitaria: convivió con ellos, se interiorizó de las múltiples necesidades que padecían y trató de ayudarlos también en todos los aspectos que pudo: económicos, culturales, humanos y sociales. Realizó gestiones ante el Gobierno del Territorio Nacional de Formosa y obtuvo que se les adjudicara una fracción de tierras fiscales. Allí, reuniendo a cerca de cuatrocientos naturales, fundó con éstos una Colonia Aborigen, a la que bautizó “Juan Bautista Alberdi”, en homenaje al autor de “Las Bases . . .”, colonia que fue oficializada en 1948. Les enseñó algunas faenas agrícolas, especialmente a cultivar el algodón, a cocer ladrillos y a construir sencillos edificios. A la vez, los atendía sanitariamente, todo, por supuesto, de manera gratuita y benéfica, hasta el extremo de invertir su propio dinero para comprarles arados y semillas. Cuando edificaron la Escuela, enseñó como maestro durante tres años, hasta que llegó un docente nombrado por el gobierno.


Era además un apasionado de las ciencias naturales. Inspirado por la riqueza natural del monte formoseño, escribió una veintena de libros, la mayoría inéditos, sobre etnografía, lingüística, mitología indígena, dendrología, zoología, botánica, leprología, historia, sociología y topografía. Varias veces le ofrecieron puestos; nunca prestó conformidad. En 1981 un jurado compuesto por representantes de organismos oficiales, de entidades médicas y de laboratorios medicinales, lo distinguió con el premio al “Médico Rural Iberoamericano”, que se adjudicaba acompañado de importante suma de dinero. Rechazó a ésta de plano, y en el mismo acto de la entrega, logró que con ese fondo se instituyeran becas para estudiantes que aspiraban a ser médicos rurales. Cuando ya era anciano, el gobierno quiso destinarle una pensión vitalicia; tampoco aceptó. Su norma inquebrantable de conducta rezaba “todo para los demás, nada para mí”.


Fue postulado tres veces para el Premio Nobel y recibió decenas de premios nacionales e internacionales, entre los que se cuenta el Premio Estrella de la Medicina para la Paz, que le entregó la ONU en 1987. Sin embargo, no le importaban los honores. Había escrito su historia en el silencio, y la fama lo asaltó tiñendo su figura de ribetes legendarios y valores espirituales alejados de las sociedades de este tiempo, que paradójicamente lo admiraron por ello. Esa notoriedad le fue tan ajena como los homenajes o las retribuciones dinerarias: simplemente no alteraba su vida ni la aceptaba como algo merecido o que valiera la pena. En una carta dirigida a Eduardo Bernardi, al referirse a los premios, escribió: “Es todo humo que se disipa en el espacio”. Sus frases, siempre amables y sin altisonancias, son en sí mismas un legado más para la reflexión cuando ya su figura es una ausencia grande:


“Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, éste es bien limitado; yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien”.


“Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado” ….”estoy satisfecho de haber hecho el bien en lo posible a nuestro prójimo, sobre todo al más necesitado y lo continuaré haciendo hasta que Dios diga basta”.


Y mucho bien hizo, y ese bien habría de ser muy necesitado pues Dios tardó en decir basta. Recién cuando ya desbordaba los 91 años a mediados de 1986, enfermó y aceptó ir a vivir en Rosario con la familia. Su sobrino, el doctor José Ignacio Maradona y su esposa Amelia junto a sus diez hijos lo rodearon de afecto los nueve últimos años de su vida. De una lucidez asombrosa, que conservó hasta su muerte, estudiaba con los más chicos medicina e Historia. Su más cercano amigo durante 35 años, Abel Bassanese, cuenta que en el día anterior al de su deceso habían estudiado temas sobre el Virreinato del Río de la Plata. Murió de vejez, sin sufrimientos físicos ni morales -en la santa paz de los buenos y justos- poco después de despuntar la mañana del 14 de enero de 1995, cuando le faltaban apenas unos meses para cumplir los cien años.


Su recuerdo, tal como quizá lo hubiera querido, se funde con el homenaje a todos los médicos rurales argentinos, cuyas historias anónimas nos esconden sus nombres y sus desvelos: el 4 de julio, día de su nacimiento ha sido declarado por ley Día Nacional del Médico Rural.



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La otra Historia:


El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.




¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.
Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.
No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.
¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.
El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.
Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.
Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.
Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.
Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.
Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.
Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.
La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.
Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.
Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.
¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.
¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.
La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.
Quien quiera oir, que oiga.

viernes, 1 de octubre de 2010

James Taylor




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Álbum: Live At Paramount Theatre - Cd 1
Álbum Artista: James Taylor
Año: 1991
Género: Baladas
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Temas:
01 - (El público-saludos)
02 - Secreto de la Vida
03 - Vagando
04 - Traffic Jam
05 - Tienes a un Amigo
06 - (Presentaciones de banda)
07 - tiene que parar "Thinkin 'combate que
08 - Copperline
09 - Abajo en el agujero
10 - Carolina en mi mente
11 - Carretera de Campo
12 - Sol en la Luna
13 - No Don't Let Me Be Lonely noche
14 - Fire and Rain
15 - (Discusión)
16 - Yo Te Seguiré
17 - Algo En El Amor De Pobre
18 - Cuero Palmada


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Álbum: Live At Paramount Theatre - Cd 2
Álbum Artista: James Taylor
Año: 1991
Género: Baladas
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Temas:
01 - (Discusión)
02 - El hombre congelado
03 - arrojar algo de luz
04 - Hombre que camina
05 - Never Die Young
06 - Up On The Roof
07 - México
08 - Su cara sonriente
09 - Shower The People
10 - ¡Qué dulce es
11 - (El público)
12 - Sólo una
13 - (El público)
14 - Steamroller






Contraseña: Por El Monstruo Sagrado



NO AL GOLPE EN ECUADOR

Igual que en Honduras, repudio al golpe en Ecuador.

No puede haber tolerancia en los derrocamientos militares y policiales a los gobiernos democráticos.

Así se empieza.

Tengamos MEMORIA.

REPUDIEMOS EL GOLPE A ECUADOR!!!!!
http://haciendolavidadeapoco.blogspot.com/

Tenía que aparecer el argumento.
Acá está.
...


El peor analfabeto es el analfabeto político

No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.

No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.

No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

Bertolt 
Brecht (afanado de lo de http://morganleo.blogspot.com/

De Afganistán a Malvinas

De Afganistán a Malvinas

El dinamismo de la política imperialista no cede. Es inevitable que así sea pues, como sucede con un hombre que monta en bicicleta, el movimiento es la única garantía que tiene para conservar el equilibrio.



A poco más de un año de la asunción de Barack Obama como presidente de Estados Unidos la realidad ha confirmado lo que preveían los observadores más escépticos del irresistible ascenso del carismático líder negro, primer hombre de color en empinarse a tan alto cargo. Esto es, que el nuevo presidente no iba a cambiar o no podría cambiar nada. Más que nunca, por lo tanto, quienes vivimos bajo la férula –directa o indirecta- del sistema mundial capitaneado por Washington, debemos hacer nuestras propias cuentas y visualizar nuestras propias opciones para escapar del torno que nos oprime.

El momento es de riesgo para América latina. Los problemas de Estados Unidos para sostenerse en la cúspide como única superpotencia mundial no son pocos. Lejos de disuadirlo, ello tiende a exacerbar su agresividad en las áreas que estima claves para conservar los recursos esenciales para mantener la supremacía. En el Asia central y el Medio Oriente ese activismo norteamericano es más que notorio. El resultado de los emprendimientos militares que sostiene en Afganistán o Irak es vidrioso y no es improbable que se sellen en sendos fracasos a largo plazo. Pero de momento están en auge. Y sirven asimismo para reconfirmar el enfeudamiento de los países de la Otan al programa norteamericano de expansión hacia el Este. El 4 y el 5 de febrero se reunieron en Estambul los 28 ministros de Defensa de los países pertenecientes al pacto. Esa reunión seguía a otra mantenida en Bruselas que juntó a 63 altos jefes militares, más sus equivalentes de Israel y Pakistán. La primera de las reuniones mencionadas fue presidida por el comandante de los 150.000 soldados estadounidenses estacionados en Afganistán, el general Stanley McChrystal, mientras que la otra contó con la dirección del Secretario de Defensa del gobierno de Obama, el señor Robert Gates. El temario estuvo centrado en la guerra afgana y en el nuevo concepto estratégico de la alianza, que incluye el despliegue de varios “escudos antimisiles” en la frontera o en las proximidades de las fronteras rusas. Rumania se ha añadido a Polonia y a la República Checa en la disposición de albergar esos sistemas de armas, claramente dirigidos a inhabilitar la capacidad de respuesta rusa a una eventualidad militar que la amenace. La fractura del sistema de disuasión nuclear se haría así inevitable y la potencial respuesta del Kremlin o al menos la adopción de contramedidas estratégicas dirigidas a contrabatir el acoso a que se verá sometido, tensará aun más la situación.

Todo esto engendra peligros de una magnitud difícil de valorar, pero en cualquier caso indica que el mundo está ingresando a una época volátil. Esto no es nuevo; no bien se derrumbó el “socialismo real” la agresividad estadounidense se instaló por sus fueros; pero en ese momento la capacidad de reacción del adversario global se veía reducida por el caos que siguió a la disolución de la URSS, mientras que hoy Rusia tiene un gobierno fuerte, que podrá disgustar a muchos pero que evidentemente está en disposición de resguardar sus intereses nacionales y de comenzar a reconstruir la zona de influencia que le es propia. En Ucrania en primer lugar. La primera ministra Yulia Timochenko, aleccionada por la realidad respecto de lo que significa la presión rusa en materia de consentir la circulación gasífera con destino a Europa occidental, en la práctica se ha alejado de sus posturas originales, orientadas a favorecer los vínculos con la UE y la Otan. Esto dejaría a ella y al pro ruso Víctor Yanukovich frente a frente en una elección que, respecto a la relación con el Oso, no prevería mayores sobresaltos y que, desde luego, limitaría los objetivos atlantistas a metas mucho más moderadas que las imaginadas por el geoestratega mayor de Washington, Zbygniew Brzezinski.

El laberinto latinoamericano

Las complicaciones crecientes en que se introduce el sistema norteamericano con el objeto de imponer su propia voluntad en el esquema globalizador capitalista no desaniman a los personeros del régimen. Por el contrario, parecería excitarlos a redondear sus ambiciones y a prevenir las amenazas de carácter estratégico que creen discernir en Estados que no les son necesariamente hostiles, pero que pretenden establecer sus propias coordenadas para orientar su desarrollo. América latina, tradicionalmente considerada por la oligarquía político-económica que controla Washington como el “patio trasero” de Estados Unidos y, por lo tanto, como su coto de caza, está cobrando nuevamente gran relevancia en el planeamiento del Pentágono. La campaña mediática contra Hugo Chávez se mantiene con el vigor de siempre y, lo que es mucho más grave, la cuestión de las bases militares USA en Colombia no admite ninguna marcha atrás, mientras se agravan las tensiones entre este último país y Venezuela. La probabilidad de una guerra entre ambas naciones, fogoneada y sostenida por Estados Unidos, es cualquier cosa menos remota si no prosperan los intentos de expulsar del poder a Chávez apelando a recursos drásticos pero menos costosos: el asesinato o el golpe de Estado, por ejemplo. La existencia de trece bases norteamericanas que rodean a Venezuela desde Colombia, Panamá, Aruba y Curaçao, más la presencia amenazante de la reinventada IV Flota, son indicios inequívocos de que la tormenta se cierne en el Caribe.

La razón de la agresividad norteamericana es relativamente simple; no sólo Chávez y su revolución bolivariana representan un ejemplo y un modelo a imitar en otras regiones del subcontinente, a pesar de sus limitaciones y su incapacidad para armarse como una opción liberada de rémoras como las significadas por la corrupción y el arribismo que impregnaría a muchos estamentos del partido oficialista, sino que Venezuela en sí misma representa un reservorio en materia de energía que Estados Unidos codicia y que además importa a todo su planteamiento estratégico. Como apunta Federico Bernal en Le Monde diplomatique de Enero, la Unión americana es el principal consumidor del planeta en materia de petróleo crudo y de productos derivados, con un 22,5 por ciento del consumo mundial, seguido por la Unión Europea con el 17,9 por ciento y China con el 10 por ciento. Estados Unidos perdió su autosuficiencia energética poco después de la segunda guerra mundial y su producción doméstica de crudo está en baja desde 1985. Colombia, Ecuador y Venezuela aportan el 14,63 por ciento del petróleo que importa Estados Unidos y, de los tres, Venezuela es de lejos el país que contiene las reservas más importantes del continente. En efecto, se estima que, una vez certificadas las reservas de la Faja del Orinoco, “el país caribeño se convertirá en la mayor reserva comprobada de crudo en el mundo, con 313.000 millones de barriles (Arabia Saudita cuenta con 264.000 millones). En materia de gas natural, de confirmarse los volúmenes contenidos en el mega-yacimiento gasífero recientemente descubierto, Venezuela automáticamente escalaría de la novena a la cuarta posición como mayor reservorio mundial en este recurso”.

No hay porqué extrañarse, por lo tanto, respecto de la movilización militar norteamericana en torno de este país y acerca de las continuas denuncias de “armamentismo” que se lanzan contra este, a pesar de que los países de Latinoamérica que cuentan con el mayor presupuesto bélico son Brasil, Colombia y Chile.

El caso Malvinas redivivo

Jorge Luis Borges tuvo, en ocasión del conflicto que involucró a nuestro país con Gran Bretaña en 1982 a propósito de Malvinas, una frase tan ingeniosa como falsa: “Es la pelea de dos calvos por un peine”. Esta boutade hizo su camino en el clima de desmalvinización que siguió a la derrota argentina en la guerra. Servía como coartada para justificar el renuncio, la sumisión de los estratos dirigentes del país a concepciones tan decadentes como las del “paraguas de la soberanía” y sobre todo, el de la “política de la seducción”, acuñada por el canciller del gobierno de Carlos Menem, el desaparecido Guido di Tella, para recuperar cierta influencia en la conformación de los acontecimientos. La impotencia militar en que se encontraba –y se encuentra- Argentina frente al hecho del despliegue de la mera fuerza bruta para resolver una cuestión que atañe a su soberanía, era ficticiamente resuelta con el verso de que la razón y los buenos modales prevalecerían al final y de que la partida no valía la apuesta. Sólo un presunto borracho como Galtieri y un gobierno condenado como el de la dictadura militar podrían haber jugado la carta de la recuperación de unas islas yermas para absolver sus culpas y recuperar aire frente a la opinión pública.

Ahora, sin embargo, con el lanzamiento de la prospección petrolera de parte de Gran Bretaña, vuelve a hacerse evidente lo que estaba claro desde 1975: que las reservas energéticas submarinas del área austral son potencialmente muy importantes y que el Reino Unido, que en ciertas circunstancias podría haberse avenido a razones y negociado al menos una soberanía compartida en las islas, no iba a soltar la presa e iba a usar a los kelpers como pretexto, a través del resguardo de su derecho a la autodeterminación, para mantenerse en sus trece. En 1982 numerosos informes científicos internacionales habían puesto de manifiesto que las reservas petrolíferas de la cuenca sedimentaria que rodea a las Malvinas superarían a las existentes en el Mar del Norte. La guerra, por lo tanto, no se debió a una saturación etílica de Galtieri ni a un desarreglo hormonal de la primera ministra Margaret Thatcher; fue la expresión de una forma de escapar al persistente impasse en que la actitud inglesa ponía a la Argentina y, a la vez, la exteriorización de la astucia y la voluntad británicas para provocar esa reacción a fin de darle un corte favorable al asunto. Que la dictadura argentina haya caído en el lazo que le habían tendido, que una vez estallada la crisis haya demostrado una incompetencia supina en el plano diplomático y que la conducción de las operaciones haya adolecido de fallas que redujeron el ya estrecho margen para obtener una victoria circunstancial, es otro tema de análisis.

La guerra austral puso de manifiesto la solidez del pacto noratlántico y fue, en este sentido, un preludio al intervencionismo global de la Otan en el período posviético, que acaecería diez años después. El conflicto terminó de postrar al país, ya devastado por la represión y el desguace económico lanzado por Alfredo Martínez de Hoz. Lo que vino después no hizo sino marcar aun más esa postración. Por eso la actitud del gobierno de Cristina Fernández en el sentido de trabar la navegación de buques que se dirijan a área Malvinas cruzando el Mar Argentino sin permiso, y de tomar represalias contra las empresas británicas que estén asociadas al emprendimiento exploratorio en aguas australes, es justa y oportuna. No se puede ir más allá, lamentablemente, pero esa decisión representa un cambio nada insignificante respecto de las tesituras de gobiernos anteriores.

No se puede ir más allá, decimos. La realidad se impone y este tipo de protesta es la única posible, dada la disparidad de fuerzas. Sin embargo, subsiste otra opción. Difícil de asumir pues este gobierno, aunque esté mucho más allá de la oposición en materia de objetivos de carácter abarcador –en lo referido a la justicia social, la industrialización, la soberanía y el empleo- está lejos todavía de poseer la voluntad que es necesaria para adoptar política más duras frente a Gran Bretaña. Esto, por otra parte, existiese o no existiese esa voluntad, es provisoriamente inviable dada no sólo la debilidad de nuestro país en materia militar, sino porque ni nuestra base social ni la mera sensatez aconsejaría semejante camino para una recuperación integral de las islas. La vía para ello pasa inequívocamente por una acción coordinada con los países de América latina –especialmente con Brasil, Venezuela y Uruguay- que permita instalar al tema como un asunto que atañe a una problemática continental, lo que presupondría a su vez la existencia de una unidad entre nuestros países en el plano práctico de la defensa y la diplomacia. Falta bastante para esto, todavía.

Restan sin embargo otros caminos para hacer sentir la presencia nacional en temas como este y dentro del ámbito inobjetable y reconocido internacionalmente de los límites de Argentina. La furia privatizadora del menemismo dejó a los recursos mineros del país librados a los monopolios transnacionales. Repsol para el petróleo y la Barrick Gold para el oro son los casos más ostensibles de ese saqueo. Decimos saqueo porque los beneficios y las ganancias que arroja la explotación del subsuelo no son reinvertidos localmente. Una renacionalización de esos recursos, el retorno al principio de la inviolabilidad del suelo asentado por Irigoyen y Perón serían expedientes muy idóneos y a nuestro alcance para oponerse al curso general de la política del bloque nórdico. Para eso haría falta, sin embargo, una seriedad y una generosidad de parte de los protagonistas políticos del país que brilla por su ausencia. La oposición, embrollada en una pelea mezquina con el gobierno, no va a ser muy fácil que acuerde con este –que por otra parte no demuestra gran voluntad de lanzarse por un camino que lo complique aun más de lo que está- las políticas de Estado que son necesarias para proceder en ese sentido.

El comienzo de las actividades británicas de prospección en gran escala en el área Malvinas, la puntualización por The Observer en el sentido de remilitarizar la zona, las afirmaciones de Gordon Brown acerca de la soberanía británica sobre las “Falkland”, son parte del mismo envite que el proyecto globalizador allega a zonas como el Asia central, los Balcanes y las fronteras rusas con Ucrania y las repúblicas caucásicas. Es parte de una ofensiva general que, a pesar de la crisis que sacude a los mercados, no puede renunciar a sus objetivos, pues solo en el movimiento puede encontrar un equilibrio. Si se detiene, el sistema se cae. Habrá que esperar, por lo tanto, nuevas y más inquietantes sorpresas para el futuro próximo.

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Fuente: Reseau Voltaire.
Federico Bernal: La clave está en Caracas, Le Monde Diplomatique, enero de 2010.

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