Hace once años, en Montevideo, yo estaba esperando a Florencia en la puerta de la casa. Ella era muy chica; caminaba como un osito. Yo la veía poco. Me quedaba en el diario hasta cualquier hora y por las mañanas trabajaba en la Universidad. Poco sabía de ella. La besaba dormida, a veces le llevaba chocolatines o juguetes.
La madre no estaba aquella tarde, y yo esperaba en la puerta de la casa el ómnibus que traía a Florencia de la jardinería.
Llegó muy triste. No hablaba. En el ascensor hacía pucheros. Después dejó que la leche se enfriara en el tazón. Miraba el piso.
La senté en mis rodillas y le pedí que me contara. Ella negó con la cabeza. La acaricié, la besé en la frente. Se le escapó alguna lágrima. Con el pañuelo le sequé la cara y la soné. Entonces volví a pedirle:
- Andá, decime.
Me contó que su mejor amiga le había dicho que no la quería.
Lloramos juntos, no sé cuánto tiempo, abrazados los dos, ahí en la silla. Yo sentía las lastimaduras que Florencia iba a sufrir a lo largo de los años y hubiera querido que Dios existiera y no fuera sordo, para poder rogarle que me diera todo el dolor que le tenía reservado.
Desde los años ochenta del siglo XX hemos visto la aplicación de políticas neoliberales en muchas parte del mundo (impulsadas por organismos internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), políticas que han sido también impulsadas por la Unión Europea (por el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo). Este artículo analiza el impacto de estas políticas, a nivel mundial y a nivel de la UE.
El impacto del neoliberalismo en el mundo Uno de los centros de investigación económica de EEUU, el Center for Economic and Policy Research (CEPR), ubicado en Washington, acaba de publicar el estudio más detallado que haya existido sobre la evolución de los indicadores económicos y sociales de los países de las Naciones Unidas desde 1960 a 2000, dividiéndolo en dos periodos, 1960-1980 y 1980-2000. Esta división se basa en el cambio de paradigma económico que ha dominado el Fondo Monetario Internacional, pasando de keynesianismo en la época 1960-1980 al neoliberalismo en el periodo 1980-2000. De esta manera el estudio hace también una evaluación de las políticas seguidas en el primer periodo (que se caracterizaron por un intervencionismo público en la economía, acompañado de una regulación de los mercados, incluyendo los mercados financieros) con las seguidas en el segundo periodo (una priorización de las fuerzas del mercado con inhibición del papel del estado y desregulación de los mercados, incluyendo los mercados financieros).
El estudio agrupa a los países en cinco grupos según su nivel de desarrollo económico al inicio de cada periodo es decir, 1960 y 1980. Los resultados del estudio rompen con muchos supuestos de la sabiduría convencional (y doctrina oficial del FMI), incluido el supuesto éxito de las políticas neoliberales. El informe muestra como los indicadores económicos y sociales sufrieron un retraso en su mejoramiento durante la segunda época 1980-2000 y ello no como resultado de que el rápido mejoramiento de tales indicadores en el periodo 1960-1980 hubiera agotado las posibilidades de continuar mejorando durante el periodo 1980-2000, sino que la ralentización se debía a las políticas neoliberales que obstaculizaron la continuación de tal progreso. Precisamente para evitar el efecto llamado en inglés “The diminishing returns” (es decir que a mejores niveles de bienestar es más difícil continuar mejorando tal bienestar), se estandarizó el nivel de desarrollo económico comparando países con el mismo desarrollo económico al inicio de la aplicación de las políticas neoliberales con otros países de igual nivel de desarrollo económico al inicio de las aplicaciones de las políticas keynesianas.
Esta ralentización del progreso se acentuó en los países que aplicaron las políticas públicas promovidas por el FMI durante el periodo 1980-2000. El crecimiento económico, el crecimiento del PIB per cápita, el crecimiento de la esperanza de vida, el descenso de la mortalidad infantil, el crecimiento del gasto público educativo, el crecimiento de la población escolarizada (en educación primaria y secundaria), el descenso del analfabetismo, entre otros, fueron mayores en la mayoría de países en la etapa 1960-1980 que en la etapa 1980-2010.
El estudio analizó también la situación de China (la segunda economía mundial) e India (la cuarta economía mundial), ninguna de las cuales siguió las políticas neoliberales. En realidad, en China el crédito está nacionalizado (los cuatro bancos más importantes del país pertenecen al estado, y el 44% de las industrias son propiedades del estado). Ambos países estuvieron entre los que tuvieron un crecimiento mayor de sus indicadores económicos y sociales.
A la luz de estos datos, el FMI perdió bastante credibilidad en sus recetas pues estos hechos documentados en este informe eran conocidos en los países que seguían los mandatos del FMI. Tales recetas hicieron mucho daño al bienestar social de aquellos países sin que, además, fueran eficaces en mejorar sus condiciones económicas. Antes al contrario, el deterioro de los indicadores sociales perjudicaron la situación económica. Muchos países se rebelaron frente al FMI y el coro de voces pidiendo su desaparición creció notablemente. Sus reservas bajaron de 105.000 millones de dólares en 2003 a 20.000 millones en 2007. El número de países que pidió ayuda al FMI decreció espectacularmente como consecuencia de su falta de credibilidad y percibida incompetencia. Fue, durante la crisis iniciada en el 2007, que aumentó su reserva a 750.000 millones, reserva que se está utilizando primordialmente en los países del Este y del Sur de Europa. Sus recetas –que resultaron dañinas e ineficaces en los países asiáticos y latinoamericanos- son ahora llevadas a Europa.
El caso más claro de los impactos negativos de las políticas neoliberales fue en la URSS, donde, en lugar de seguir una Transición que mantuviera un rol para el estado como pasó en China, se pasó de la economía planificada al neoliberalismo más duro con un coste humano enorme. La esperanza de vida descendió y sus niveles de bienestar y calidad de vida bajaron en picado. Todavía hoy, los indicadores de calidad de vida bajo el niberalismo, como esperanza de vida, son más bajos que los existentes en la época preneoliberal. Si tal deterioro hubiera ocurrido en un país que pasara del capitalismo al socialismo el escándalo hubiera sido enorme. Pasó en el sentido inverso y apenas fue noticia.
A la luz de estos datos es difícil sostener que las propuestas neoliberales propuestas por el FMI hayan sido exitosas, tal como sus defensores proclaman.
El fracaso del neoliberalismo en la Eurozona y en la UE La evidencia científica del fracaso del neoliberalismo aparece claramente también en el análisis del supuesto “rescate” de los países periféricos de la eurozona, despectivamente conocidos como PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain). En los tres primeros países, los fondos del FMI y de la Unión Europea, que se han transferido a estos países (fondos mal llamados “fondos de ayuda y recuperación) han sido condicionados a que sus gobiernos hagan reducciones draconianas de su gasto público, forzando además reformas que tienen como objetivo reducir los salarios. En ninguno de estos tres países, tales políticas han conseguido lo que deseaban. En realidad, los intereses de la deuda pública han continuado aumentando y el crecimiento económico es prácticamente nulo, cuando no negativo. La respuesta a esta situación por parte de la UE y del FMI es que los recortes no han sido suficientes y la bajada de salarios no ha tocado fondo. Como consecuencia de esta lectura del porque tales políticas han fracasado, se exige más de las mismas medidas. Y así se está yendo hacia un suicidio.
Los que no están perdiendo, sin embargo, son los bancos y muy en especial los bancos de los países centrales de la UE y muy en especial los bancos alemanes. Las “ayudas” a aquellos países –Grecia, Irlanda y Portugal- no son ayudas a la población. Son fondos que se prestan a sus gobiernos para que puedan pagar a los bancos. La evidencia muestra claramente que las supuestas ayudas no están ayudando a estos países a que salgan de la crisis.
En realidad seis datos aparecen con toda claridad. 1. Grecia, Irlanda y Portugal no están saliendo de la recesión. Al revés, están retrocediendo más y más. Su tasa de crecimiento económico es nulo o negativo. 2. Los intereses de su deuda continúan subiendo, no bajando. 3. Los bancos domésticos se están descapitalizando pues hay una huida del ahorra doméstico hacia el exterior pues hay una desconfianza creciente en la viabilidad del sistema financiero. 4. La valoración de sus bonos por las agencias de evaluación continúa siendo de negativa a desastrosa. 5. Hay una protesta generalizada tanto dentro como fuera de estos países sobre las políticas neoliberales impuestas por el FMI y la UE para salir de la crisis, con el surgimiento de movimientos anti UE.
Y por si todo esto no fuera poco, el BCE está aumentando los intereses bancarios lo cual hará más difícil, casi imposible, la recuperación económica de estos países periféricos.
Las políticas alternativas que deberían hacerse en la eurozona En realidad, es bastante fácil ver y entender que es lo que debería hacerse. Y no es muy diferente de lo que se hizo para salir de la Gran Depresión (a principios del siglo XX) o de la recesión económica en Europa que ocurrió inmediatamente después de la II Guerra Mundial como resultado de la destrucción de gran parte de las economías europeas. En ambos casos la Recesión-Depresión se revolvió a base de una enorme inversión pública con un enorme crecimiento del gasto público y aumento de la capacidad adquisitiva de la población mediante incremento de los salarios. En EEUU, el New Deal, y en Europa el Plan Marshall, sacaron a aquellos países de la crisis. Imagínese la estupidez que hubiera sido que en aquellos momentos, se hubieran recortado el gasto público y bajado los salarios. De seguirse entonces las políticas que imponen ahora, ni EEUU ni Europa habrían salido de la crisis.
Lo que debería hacerse es pues: 1. Incrementar la demanda púbica y privada para estimular el crecimiento económico.
2. Aumentar el gasto público, creando empleo público o financiado públicamente. 3. Considerar que el desempleo es el mayor problema económico, además de social, existente en la eurozona. 4. Estimular la demanda doméstica en los países centrales como Alemania, convirtiéndola en el motor de la recuperación económica. Los salarios deben aumentar en tales países, así como en los periféricos. 5. Redistribuir las rentas, disminuyendo la enorme concentración de las rentas que están dañando la eficiencia económica de los países, sustrayendo grandes cantidades de dinero del consumo y demanda. 6. Exigir que el Banco Central Europeo sea un Banco central (que tenga como objetivo, además de controlar la inflación, estimular el crecimiento económico y creación de empleo) y compre eurobonos de los estados periféricos con dificultades. 7. Eliminación de las políticas de austeridad. 8. Reforzar a los sindicatos para poder restablecer pactos sociales más favorables al mundo del trabajo. 9. Hacer reformas fiscales profundas que determinen una redistribución de la renta (orientada hacia el consumo de las clases populares). 10. Eliminar el fraude fiscal y los paraísos fiscales 11. Establecer Bancas Públicas, exigiendo además, como condición de ayudas a la banca privada, que tales ayudas estén condicionadas a la provisión de crédito. 12. Eliminar la independencia del BCE y de los Bancos Centrales. 13. Coordinar las políticas económicas, fiscales y sociales a nivel europeo. 14. Establecer convenios colectivos a nivel de toda la Eurozona y a ser posible de toda la UE. 15. Imposibilitar el movimiento de capitales para fines especulativos 16. Establecer un presupuesto de la UE que alcance (como sus fundadores exigieron) un mínimo de un 7% del PIB europeo. Y que tal presupuesto sea aprobado por el Parlamento Europeo.
Es casi inevitable que (como consecuencia del enorme dominio del pensamiento neoliberal en los establishments mediáticos, económicos y políticos europeos) cada vez que se presenta este programa alternativo (cuya eficacia se ha mostrado en el periodo keynesiando 1945-1980) se desmerezca definiéndolo como utópico, e irrealizable. Pero, su inevitabilidad está basada en el hecho, mostrado y documentado en este artículo, de que las políticas neoliberales actuales están llevando a estos países a una situación económica que no es sostenible ni económica ni políticamente. No hay duda de que tales políticas terminarán imponiéndose. Pero para ello se requiere una enorme movilización y agitación social en protesta a la situación actual.
"Hay una tradición de desprecio que proviene de la humillación colonial"
Esta frase de Eduardo Galeano se inscribe en ese sitio de fractura que mucho "civilizado" horrorizado con la fuerte movida que se está dando en nuestro Continente, pretende denunciar como provocado por quienes llevan adelante el cambio. Sin atender además, que somos nosotros, los que apoyamos ese cambio; quienes lo propiciamos y empujamos a su profundización.
Es decir; quienes siempre nos dividieron, denuncian -paradójicamente- a lo que llaman despectivamente "populismo" de "dividir a la sociedad", como suelen decir para impresionar. "Populista" es la palabra para estigmatizarnos. El fenómeno colectivo es para ellos la expresión una masa amorfa que va donde la llevan los demagogos, con espejitos de colores como señuelo. Mejor leamos la síntesis de lo que nos decía el escritor uruguayo durante su participa- ción en la charla “Reflexiones sobre el proceso de cambio en Venezuela y su impacto en América Latina, el Caribe y el Mundo”: El mandatario venezolano es el satán predilecto de Europa. El presidente de Bolivia, Evo Morales, y el de Ecuador, Rafael Correa, también engrosan la lista de demonios preferidos de Estados Unidos y Europa y consideró que es el Gobierno de Italia, presidido por Silvio Berlusconi, y no el de aquellos países, el que constituye un ejemplo de demagogia y populismo. Los procesos de cambio que se están dando en América Latina son profundos, diversos y hermosos y resultan bastante incomprensibles para el Norte del mundo.
Hay una tradición de desprecio que proviene de la humillación colonial, que obliga a desconocer todo lo que en estas comarcas ocurre.
La riqueza de los países del Norte tiene raíces históricas muy claras, proviene del robo y el saqueo.
El proceso de cambio venezolano es, por otra parte, fecundo, creador e interesantísimo.
Junto con Galeano también participó en la charla el escritor venezolano Luis Britto García, quien se refirió al episodio de la entrega del libro “Las venas abiertas de América Latina”, que Chávez entregó al presi- dente de los EE.UU., Barack Obama como subversivo y manifestó que la cuestión es cómo estará interpretando el libro el presidente estadounidense.
La mitad de los brasileños es pobre o muy pobre, pero el país de Lula es el segundo mercado mundial de las lapiceras Montblanc y el noveno comprador de autos Ferrari, y las tiendas Armani de Sao Paulo venden más que las de Nueva York.
Pinochet, el verdugo de Allende, rendía homenaje a su víctima cada vez que hablaba del "milagro chileno". El nunca lo confesó, ni tampoco lo han dicho los gobernantes democráticos que vinieron después, cuando el "milagro" se convirtió en "modelo": ¿qué sería de Chile si no fuera chileno el cobre, la viga maestra de la economía, que Allende nacionalizó y que nunca fue privatizado?
En América nacieron, no en la India, nuestros indios. También el pavo y el maíz nacieron en América, y no en Turquía, pero la lengua inglesa llama turkey al pavo y la lengua italiana llama granturco al maíz.
El Banco Mundial elogia la privatización de la salud pública en Zambia: "Es un modelo para el Africa. Ya no hay colas en los hospitales". El diario The Zambian Post completa la idea: "Ya no hay colas en los hospitales, porque la gente se muere en la casa".
Hace cuatro años, el periodista Richard Swift llegó a los campos del oeste de Ghana, donde se produce cacao barato para Suiza. En la mochila, el periodista llevaba unas barras de chocolate. Los cultivadores de cacao nunca habían probado el chocolate. Les encantó.
Los países ricos, que subsidian su agricultura a un ritmo de mil millones de dólares por día, prohíben los subsidios a la agricultura en los países pobres. Cosecha récord a orillas del río Mississippi: el algodón estadunidense inunda el mercado mundial y derrumba el precio. Cosecha récord a orillas del río Níger: el algodón africano paga tan poco que ni vale la pena recogerlo.
Las vacas del norte ganan el doble que los campesinos del sur. Los subsidios que recibe cada vaca en Europa y en Estados Unidos duplican la cantidad de dinero que en promedio gana, por un año entero de trabajo, cada granjero de los países pobres.
Los productores del sur acuden desunidos al mercado mundial. Los compradores del norte imponen precios de monopolio. Desde que en 1989 murió la Organización Internacional del Café y se acabó el sistema de cuotas de producción, el precio del café anda por los suelos. En estos últimos tiempos, peor que nunca: en América Central, quien siembra café cosecha hambre. Pero no se ha rebajado ni un poquito, que yo sepa, lo que uno paga por beberlo.
Carlomagno, creador de la primera gran biblioteca de Europa, era analfabeto.
Joshua Slocum, el primer hombre que dio la vuelta al mundo navegando en solitario, no sabía nadar.
Hay en el mundo tantos hambrientos como gordos. Los hambrientos comen basura en los basurales; los gordos comen basura en McDonald's.
El progreso infla. Rarotonga es la más próspera de las islas Cook, en el Pacífico sur, con asombrosos índices de crecimiento económico. Pero más asombroso es el crecimiento de la obesidad entre sus hombres jóvenes. Hace 40 años eran gordos 11 de cada 100. Ahora, son gordos todos.
Desde que China se abrió a esta cosa que llaman "economía de mercado", el menú tradicional de arroz con verduras ha sido velozmente desplazado por las hamburguesas. El gobierno chino no ha tenido más remedio que declarar la guerra contra la obesidad, convertida en epidemia nacional. La campaña de propaganda difunde el ejemplo del joven Liang Shun, que adelgazó 115 kilos el año pasado.
La frase más famosa atribuida a Don Quijote ("Ladran, Sancho, señal que cabalgamos") no aparece en la novela de Cervantes; y Humphrey Bogart no dice la frase más famosa atribuida a la película Casablanca (Play it again, Sam).
Contra lo que se cree, Alí Babá no era el jefe de los 40 ladrones, sino su enemigo; y Frankenstein no era el monstruo, sino su involuntario inventor.
A primera vista, parece incomprensible, y a segunda vista, también: donde más progresa el progreso, más horas trabaja la gente. La enfermedad por exceso de trabajo conduce a la muerte. En japonés se llama karoshi. Ahora los japoneses están incorporando otra palabra al diccionario de la civilización tecnológica: karojsatsu es el nombre de los suicidios por hiperactividad, cada vez más frecuentes.
En mayo de 1998, Francia redujo la semana laboral de 39 a 35 horas. Esa ley no sólo resultó eficaz contra la desocupación, sino que además dio un ejemplo de rara cordura en este mundo que ha perdido un tornillo, o varios, o todos: ¿para qué sirven las máquinas, si no reducen el tiempo humano de trabajo? Pero los socialistas perdieron las elecciones y Francia retornó a la anormal normalidad de nuestro tiempo. Ya se está evaporando la ley que había sido dictada por el sentido común.
La tecnología produce sandías cuadradas, pollos sin plumas y mano de obra sin carne ni hueso. En unos cuantos hospitales de Estados Unidos los robots cumplen tareas de enfermería. Según el diario The Washington Post, los robots trabajan 24 horas por día, pero no pueden tomar decisiones, porque carecen de sentido común: un involuntario retrato del obrero ejemplar en el mundo que viene.
Según los evangelios, Cristo nació cuando Herodes era rey. Como Herodes murió cuatro años antes de la era cristiana, Cristo nació por lo menos cuatro años antes de Cristo.
Con truenos de guerra se celebra, en muchos países, la Nochebuena. Noche de paz, noche de amor: la cohetería enloquece a los perros y deja sordos a las mujeres y los hombres de buena voluntad.
La cruz esvástica, que los nazis identificaron con la guerra y la muerte, había sido un símbolo de la vida en la Mesopotamia, la India y América.
Cuando George W. Bush propuso talar los bosques para acabar con los incendios forestales, no fue comprendido. El presidente parecía un poco más incoherente que de costumbre. Pero él estaba siendo consecuente con sus ideas. Son sus santos remedios: para acabar con el dolor de cabeza, hay que decapitar al sufriente; para salvar al pueblo de Irak, vamos a bombardearlo hasta hacerlo puré.
El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua.
Hay un correo que está dando bastantes vueltas por los e-mails últimamente, y se trata de un supuesto artículo, que supuestamente, según dicen, fue escrito por el periodista, escritor, académico y cartagenero Arturo Pérez-Reverte. Dicen que es cierto, que es suyo, y desde luego el estilo y el lenguaje le son propios. Y dicen que se publicó por hoy, pero justamente hace DIEZ años, el 15 de noviembre de 1998, aunque no se sabe muy bien si esto es un HOAX (esos correos que se mandan diciendo que hay que reenviarlo a no sé cuantos amigos para que den 7 céntimos para curar a alguien, y que es mentira obviamente), porque realmente aún no está claro que alguien tenga la revista de El Semanal XL de esa semana para comprobarlo a ver si es cierto (y desde luego ya son ganas ponerse a trascribirlo para mandarlo por ahí). Pero es que por el tema que trata, ya hasta dicen que es que es un vidente, y que veía ya entonces lo que iba a pasar por estos días. Pero por las fechas, los que se han puesto, piensan que él de lo que hablaba entonces era de las Stock Options, y de la crisis de China que ocurrió por aquel entonces.
Los Amos del Mundo / Arturo Pérez-Reverte
Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla antro del computador, su futuro y el de sus hijos.
Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management , y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez *******, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida. Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
(Artículo del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicado en ‘El Semanal’ el 15 de noviembre de 1998)
El destacado periodista y escritor Eduardo Galeano ha sido entrevistado recientemente en la televisión argentina. La entrevista es intensa y extensa, más abajo te dejo los enlaces a los vídeos por si tienes tiempo y quieres verla completa. Las siguientes frases suyas están sacadas de esa entrevista:
"Esta crisis es la confirmación de que el mundo está al revés: se recompensa la especulación y se castiga el trabajo El mercado le tendría que pedir perdón de rodillas al mundo porque ha sido un Dios implacable que lo ha conducido a una catástrofe. Este es un tiempo de revelaciones feroces y, como siempre ocurre, tanto en las crisis como en las guerras pagan los pobres La cultura dominante habla de carrera, dice que hay que llegar, que hay que tener éxito.Eso es mentira, no se vive para ganar, se vive para vivir. En el retrato del mundo de hoy, nadie puede detenerse. Hay un pánico, si parás te pasan por encima A veces hay que parar para poder seguir andando El amuchamiento enmascara la soledad. No hay nada peor que estar solo pero acompañado, falsamente acompañado por una multitud donde nadie se encuentra con nadie. En el mundo no hay una democracia de verdad, en el mundo hay ciudadanos de primera, de segunda, tercera y cuarta categoría, y muertos también. Los jóvenes no creen y quizás tienen razón en no creer cuando asisten al espectáculo de circo que muchos políticos dan: prometen el oro y el moro, y después, desde el poder, hacen exactamente lo contrario de lo que habían dicho Cada minuto mueren en el mundo diez niños por hambre o por una enfermedad curable, y cada minuto, el mundo gasta tres millones de dólares en industria militar. ¿Que clase de especie es ésta, que se dedica la exterminio del prójimo? No creo que estemos condenados a repetir la historia, ni creo en la fatalidad del destino, creo que somos libres a pesar de todo, y que las cosas se pueden cambiar. El mundo merece un mejor destino, quiso ser una casa de todos y merece ser algo mejor que un matadero o un manicomio"
Fuente: http://homosonare.blogspot.com/ Puedes ver el vídeo completo de la entrevista en los siguientes enlaces a vídeos de 10 minutos cada uno en Youtube:
Eduardo Galeano El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Préval. Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud. Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que "confinar la peste en esa isla". Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo. Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien. Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló. La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: -¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El anterior. Pues, que se restablezca-. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron "la deuda francesa". Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos. A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854. En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo. Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional. En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente. Escuche aquí el artículo de Galeano (MP3)
per Esteban Hernández, extret del portal Elconfidencial.com.
“Vivimos en una especie de simulacro donde todos asumimos que los medios de comunicación nos mienten y nos manipulan. Ellos lo saben, nosotros lo sabemos y lo curioso es que eso parece satisfacer a todo el mundo”. Javier Barraycoa, profesor de Sociología y Opinión Pública en la Universitat Abat Oliva de Barcelona, describe en su último ensayo, Los mitos actuales al descubierto (ed. Libroslibres) una serie de creencias falsas bien instaladas en nuestro mundo. Empezando por la confianza en ese cuarto poder que sometería a control a los otros tres, en ese garante de la verdad de la verdad y de la democracia que afirma ser el Periodismo. Pero, según Barraycoa, si miramos en sus entrañas, encontraremos con mucha frecuencia una simple fábrica de relatos. Y se trata de algo a lo que el público se presta con gusto. “El espectador asume el reencantamiento del mundo que hacen los medios porque actuar de otra manera le exigiría demasiado esfuerzo; buscar la verdad exige un sacrificio que la gente no está dispuesta a hacer”.
Y es que otro mito que funciona en la teoría y no parece estar operativo en la práctica es el de ese ciudadano activo que se informaría profusamente a través de las fuentes disponibles acerca de aquellas cuestiones que resultan de su interés y que tomaría decisiones valorando pros y contras. “Vivimos en el imperio de lo efímero. Quizá por eso no tenemos el suficiente convencimiento como para persistir en nuestros valores. Nada parece ser constante: no aguantan las familias, no aguantan los políticos en sus principios y tampoco el ciudadano es capaz de insistir en la búsqueda de la verdad”. Para Barraycoa, esas dificultades para persistir en el esfuerzo tienen un nombre, “aquel que le dieron los clásicos: pereza. Porque una de las manifestaciones del perezoso no es la pasividad sino estar en perpetuo movimiento. Y así estamos ahora, cambiando continuamente de actividades y sin permanecer en ninguna de ellas, probablemente porque ya no encontramos sentido a las cosas que hacemos”.
Según Barraycoa, este decaimiento del ciudadano activo y comprometido nos lleva hacia sistemas políticas insanos que se sostienen en el mito. “Entre la democracia ideal y la real hay un abismo. Porque lo que nos demuestra cualquier análisis sociológico es que tenemos instalada en nuestras sociedades una oligarquía que posee control sobre los recursos económicos, sobre los medios y sobre la capacidad de decisión, frente a la cual el ciudadano se encuentra con una sola posibilidad de acción, el voto. Y eso genera una profunda apatía”.
Y los mecanismos que podrían ayudarnos a salir de esa situación tampoco funcionan adecuadamente. “Es curioso cómo una sociedad en la que se invierten muchos recursos en educación está produciendo una profunda apatía en sus estudiantes. Nuestro sistema educativo, que se piensa muy racional, no está ayudando a desarrollar razonamientos lógicos en sus estudiantes sino que les está convirtiendo en apáticos”. Y quienes están situados en la cúspide de ese sistema tampoco se ven libres de los males de la época: “La inteligencia de nuestra sociedad, es decir, todos aquellos que manejan el saber y el conocimiento, están volcándose en a interpretar la realidad a través de ideologías en lugar de prestar atención a la realidad”.
Por eso, según afirma Barraycoa, la situación es dramática. “Autores como Toynbee, que analizaron las crisis de las civilizaciones y los motivos por los que llegaban a su fin, descubrieron que dormirse en los laureles y la pérdida de tensión ante la realidad, eran factores decisivos”. Y nos estaríamos moviendo en un contexto parecido, en la medida en que “a pesar de que existen altos niveles de manipulación, no buscamos cambios sociales o políticos; más al contrario, la gente se quita de en medio pensando que si un profesional le interpreta la realidad, para qué va a tomarse la molestia de analizarla. Al final, se abdican de las responsabilidades y se proyectan en los políticos, como si estos fueran a solucionar nuestros problemas”.
La ‘neolengua’ y la nada
Un indicio claro de este rechazo de la propia responsabilidad tiene que ver con la aceptación acrítica de los mitos que imperan en nuestra sociedad. Barraycoa habla en su libro de la ecología, de las ONG, de la ciencia y del consumo como nuevos mitos, y repara especialmente en asuntos como la corrección política y la neolengua, en la medida en que, en su opinión, resultan esenciales para entender nuestra época. “El gran agraviado con la llegada de la corrección política fue la clase proletaria, que resultó abandonada por la izquierda”. Porque los partidos de izquierda dejaron de lado al obrero para reparar en una serie minorías constantemente agraviadas, a las que empezaron a referirse con eufemismos y expresiones políticamente correctas. Como subraya Barraycoa, entre otros ejemplos, se pasó de emplear la expresión “negros” a “personas de color”, para terminar en “afroamericanos”. Pero “esto genera una dinámica muy perversa porque cada vez que el poder interviene para corregir los agravios que sufre una minoría, los genera en otra. Si haces leyes para proteger a los no fumadores, termina agraviando a los fumadores. Se entra así en un proceso que genera constante insatisfacción social. Además de que la corrección política crea mucha autoculpabilización”.
Pero, sobre todo, se trata de “una forma de control mental. Lo vio Orwell muy bien cuando hablaba de la neolengua. De lo que se trata es de crear formas de autocensura, algo que ningún totalitarismo había conseguido en la historia. Antes, el control atendía a las acciones del individuo; a partir de ahora también busca que nos autocensuremos, lo que es una forma de totalitarismo muy sutil y efectiva”.
En este sentido, uno de los terrenos donde más opera la corrección política, asegura Barraycoa, es en la sexualidad. El autor de Los mitos actuales al descubierto recurre a Foucault para subrayar los cambios que han tenido lugar en nuestra sociedad y la utilización de la sexualidad por el poder estatal. “Foucault planteó que la sexualidad era un instrumento del poder. Hoy, Foucault se ha convertido en un referente para la izquierda en lo que se refiere a la liberación sexual, cuando lo que resulta plenamente apreciable es la exactitud de su denuncia. Porque hoy es el Estado el que educa en sexualidad, creando categorías sexuales y nuevos modelos de pareja. Nunca se había teorizado más por parte del poder acerca de la sexualidad, y eso la izquierda no lo quiere ver, no es más que una forma de control. Por eso, puede afirmarse que asignaturas como Educación para la ciudadanía no son más que síntomas de que el Estado sigue utilizando la sexualidad como forma de control social”.
Hemos pasado de lo bello a lo trasgresor. Esa metáfora en el arte parece ser también la que opera en múltiples manifestaciones estéticas: los adornos hoy son pìercings, etcétera. Pero ¿qué nos revela de nuestra sociedad? Es una tendencia general o sólo es un aspecto parcial. El arte es un tema muy profundo, porque en el fondo desvela lo que es una sociedad, si muriera el arte, sería un síntoma de que está muriendo una sociedad, lo que los clásicos se habían definido como arte no se está produciendo, sino todo lo contrario, pero nos intentan convencer de que eso es arte. Sin embargo, todo el arte moderno y contemporáneo es un arte nihilista, estamos en una cultura nihilista, como ejemplo sintomáticos, Klein o como sea, en el libro, obra titulada Nada, donde no había nada y la gente pagaba para ver Nada, y esto refleja bien el arte que es una especie de apariencia de nada.
Las guerras mediáticas: el Pentágono y el cine
El famoso 11-S fue un hito donde el poder político y Hollywood llegan a un entendimiento a través de la cultura, del cine, y de asegurar la moral nacional. Hemos de pensar que la NBA en aquel tiempo se sacó normas para que los jugadores no se movieran mientras sonaba el himno, ni mascaran chicle, etcétera, porque eso podría deteriorar el patriotismo. Ese cúmulo de acciones acaba teniendo efecto. En Diario 16 Felipe González fue noticia porque fue denunciado por los sindicatos de la tele porque se obligaba a programar películas de miedo en período electoral. Fue significativo porque algún sociólogo o psicólogo social entendía que si se crea atmósfera de miedo, la gente vota más. Es un pequeño botón de muestra de cómo el poder político juega con estos elementos psicológicos y sociológicos, porque se presuponen que sí son efectivos, y es una práctica que se está agudizando. Las técnicas son más sutiles y están probadas, sólo hay que recordar la foto de los misiles de Irán: había cuatro cuando sólo habían salido tres.
La "neolengua orwelliana": una contradicción vital
Muchos de los grandes mitos de la literatura y de la cultura del siglo XX se vieron afectados por una sangrante doblez entre los ideales que alentaban sus obras y su propia vida.
Este curioso fenómeno de desdoblamiento ha sido estudiado por Michel Winock en El siglo de los intelectuales, donde destaca que, para cimentar su reputación, muchos prestigiosos pensadores recurrieron desmesuradamente a entusiastas apologías de los derechos humanos o a la constante exaltación de la humanidad y los grandes ideales modernos. Por el contrario, sus vidas discurrían por las sendas más tortuosas y frecuentemente dañaron a los seres más próximos. Stephen Koch, en su documentadísimo libro El fin de la inocencia, nos muestra un siglo XX plagado de intelectuales que se vendieron a las ideologías dominantes —especialmente el comunismo estaliniano— cuyas vidas dejaron mucho que desear. Uno de ellos, Arthur Koestler, por ejemplo, luchador incansable contra el fascismo, no fue más que un borracho violador. Con los años hemos tenido que reconocer que el más genial de los filósofos del siglo XX, Heidegger, era un nazi convencido y poseía una mente retorcida. Sartre, defensor de las grandes causas de la izquierda francesa, rozó con su comportamiento sexual la promiscuidad salvaje y la pederastia, al igual que Charles Chaplin y tantos otros. Aldous Huxley, autor del inolvidable Un mundo feliz, navegó por las peligrosas aguas del LSD. Otro gran utopista, George Orwell, no se escapó a las bajezas humanas, que también pagaron sus más íntimos. Contradicciones y pesimismo
Posiblemente sea Orwell uno de estos personajes en los que mejor se constatan la doblez y la contradicción vital. Sus convulsiones personales destilaron de tal manera que impregnaron sus obras de ilusión y desencanto. Homenaje a Cataluña o Rebelión en la granja son cantos a los ideales de juventud, al igual que decepción por los hombres que los han de encarnar. Pero donde mejor se trasluce esta dinámica es en una de sus obras más emblemáticas: 1984. En el futuro totalitario descrito por Orwell destaca la descripción de la "neolengua" (newspeak). El régimen del Gran Hermano ha generado un lenguaje especial como forma eficaz de dominación sobre los espíritus. La "neolengua" se concibe como la capacidad comunicativa por la que en una misma mente pueden convivir ideas contradictorias sin sensación de incoherencia mental: "la libertad es esclavitud"; "la guerra es la paz". Seducidos por la cohabitación de ideas opuestas en el intelecto, los ciudadanos del sistema totalitario son incapaces de sentir la mínima inquietud por la verdad y por la coherencia. Un lenguaje no ordenado a la verdad genera realidades contradictorias. Con los años, la psicología social ha denominado a este fenómeno disonancia cognitiva y lo ha estudiado como una patología.
Pensamiento y actitud vital duplicados
En el régimen totalitario de 1984, el Ministerio de la Paz prepara la guerra; el Ministerio de Verdad genera las mentiras y el Ministerio de Amor es el causante de las torturas. Uno de los personajes de 1984, O´Brien, es un funcionario del Partido Interior. En este individuo queda patente cómo el doble pensamiento que genera la "neolengua" provoca una actitud vital duplicada. Por una parte, se siente fiel al régimen al que sirve y, por otra, puede sentirse un subversivo revolucionario. Extrañas visiones de un mundo que hoy en día no se aleja de la realidad. Thomas Pynchon, en el prólogo a una reciente reedición inglesa de 1984, denuncia esta proximidad: "parece que una de las condiciones del pensamiento político, en un Estado moderno, es tener permanentemente opiniones contradictorias sobre la mayoría de las cosas. Ni que decir tiene que es un factor utilísimo para quienes ocupan el poder y desean permanecer en él, preferiblemente para siempre".
La disonancia cognitiva
Servir al sistema y sentirse rebelde no es algo ajeno a la modernidad. El propio Orwell lo vivió en sus carnes. Esta disonancia cognitiva, ser víctima de la "neolengua", ¿no es lo que le arrastró en la última etapa de su vida? Era la esquizofrenia de un hombre cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair; que, entusiasta de sus ideales de izquierdas, acabó traicionando a treinta y ocho simpatizantes comunistas un año antes de morir. Éste es uno de los últimos episodios de su vida desvelados recientemente. Orwell enamorado de una funcionaria del Foreign Office, para cuya promoción elaboró una lista-denuncia de simpatizantes comunistas para el gobierno británico. Esta traición a correligionarios, más o menos próximos, no fue fruto de una conversión anticomunista. Más bien, le ocurrió como a O´Brien, el funcionario de 1984, que era capaz de sentirse revolucionario y servir al sistema. Su desencanto por el Partido Laborista británico, identificado con la "izquierda oficialista", le llevó a definirse como miembro de la "izquierda disidente". Su experiencia en la guerra de España y las depuraciones estalinistas sobre el POUM le llevaron a odiar a Stalin, pero nunca a renunciar a las ideas que representaba. La "neolengua" de la modernidad se encarnaba en su persona generándole la más espantosa de las contradicciones. La resolución de la paradoja sólo podía realizarse combatiendo a los comunistas de carne y hueso, y preservando su izquierdismo en su mente.